mezclando las tibiezas de los sonidos de aquella música
con los entresijos de los pasillos de mis sentimientos
se que debo abrir la mano para dejar escapar la vida
que se evapora entre la brisa que ella misma trajo,
verla elevarse y disiparse
crear nubes de lluvia fresca que mojarán otras mejillas
que merezcan el rocío de mañanas interminables.
Llega el momento que creará nuevos
siempre pasos entre mares de mareas nuevas
historias que se suceden sin permiso
y sin pedir perdón, rebosando corazones despistados
atravesados por tormentas de meteoritos
y mientras la misma vida pasa
entre rosas de color blanco y verdes cercados,
sentado espero a que la madrugada me dedique
un nuevo amanecer de sueños tapizados
con sedas de colores suaves,
vuelos incansables de aves libres en libertad,
porque una voz me nombrará
desde alguna parte de este paraje dedicado
con la sutileza que solo las cosas bellas saben pintar
con la calma que precede a la tempestad de evadirse de las sombras
con las promesas que se tatúan con los ojos cerrados
de sonrisas plateadas entre labios sedientos de amar
para que me levante y me deje guiar
lentamente por el camino de la prisa consentida
de la impaciencia que huracanada acelera
buscando el reposo en el pecho cálido,
la caricia sincera en la espalda desnuda
tomar la mano que acompaña en la senda
la que deja huella detrás cuando dibuja sueños...
Y ahora que estoy solo,
no me cuesta admitir que reboso de ti
porque no te tengo aún y ya te estoy esperando,
porque no dudo de que llegarás susurrando esta canción
templando la luz que entre por la ventana aquella mañana
mientras en silencio te acostarás a mi espalda
para abrazarme eternamente a tu vida
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