Vosotros no lo vais a creer, y yo no os lo voy a explicar, pero él, ya ha venido a despedirse porque se va, no se si lejos, o cerca, y no se si mientras que yo no me vaya, el tenga posibilidad de volver. Igual, en alguna ocasión se deja caer como ha hecho hoy, mientras dormíamos los dos, para despedirse, siempre fiel, y cariñoso, dispuesto a lo que sea por unos mimos. No nos hemos dicho nada, es la verdad. Tampoco lo necesitábamos. Creo que es de las pocas almas que no necesita mas que una mirada para entenderlo todo. No he visto miedo en sus ojos. Si ternura, agradecimiento, dicha, y un brillo de tristeza, porque sé que no le apetece irse. Porque el tenía un papel muy importante que ha cumplido a la perfección, pero quería más. Pero no puede ser. Así que así como lo ves, ha recostado su cabeza en mi mano y ha pedido mimos. Y yo, se los he dado por supuesto. Hasta el momento en que se ha disipado, feliz, dispuesto a hacer feliz allá donde le toque viajar. No se cuando emprende el viaje de no volver. Se que ya se ha marchado, que no hay vuelta atrás. Pero sin duda, despedirse estando juntos es siempre mucho mas acogedor que despedirse cuando uno ya no puede decir las cosas, ni sentir el calor del abrazo ni murmurar un "gracias" por todo lo que me has dado.
Yo, desde luego, jamás te olvidaré y tú, seguro, que tampoco lo harás.
Don Prito Corbatobi, alias Tobi, "tobias" para los amigos. Buen viaje
lunes, 27 de marzo de 2017
domingo, 26 de marzo de 2017
Siempre Vive...
Nadie es poeta si le falta el verso
como nadie es caminante si no recorre el mundo
ni navegante si mantiene su barca amarrada en puerto.
Pese a los miedos
pese a los temores
dudas, rencores, tropiezos y pocos aciertos,
no queda otra, alma errante,
que seguir al ocaso en su búsqueda constante
del orto perfecto
que decline en un nuevo día
y en el regalo que suponen
las horas bendecidas de vida.
Mas si naciera de entre tinieblas
un sol que no te alumbrara,
al camino has de arrojarte
con la tempestad al acecho
y si las olas asustaran a los marinos
surca sus espumas de soslayo y penetra
en las inmensidades que te esperan
tanto como si sentado esperas a la musa que te inspira
y esta, perezosa, atrevida quedo dormida
tú, compón versos sin temor
que ya se encargará la vida de ordenar la melodía
si es que han de sonar en cantares
al eco de los templos
que las almas errantes como tú
dedicaron al gozo de vivir.
como nadie es caminante si no recorre el mundo
ni navegante si mantiene su barca amarrada en puerto.
Pese a los miedos
pese a los temores
dudas, rencores, tropiezos y pocos aciertos,
no queda otra, alma errante,
que seguir al ocaso en su búsqueda constante
del orto perfecto
que decline en un nuevo día
y en el regalo que suponen
las horas bendecidas de vida.
Mas si naciera de entre tinieblas
un sol que no te alumbrara,
al camino has de arrojarte
con la tempestad al acecho
y si las olas asustaran a los marinos
surca sus espumas de soslayo y penetra
en las inmensidades que te esperan
tanto como si sentado esperas a la musa que te inspira
y esta, perezosa, atrevida quedo dormida
tú, compón versos sin temor
que ya se encargará la vida de ordenar la melodía
si es que han de sonar en cantares
al eco de los templos
que las almas errantes como tú
dedicaron al gozo de vivir.
sábado, 25 de marzo de 2017
Aprende a viajar...
Cuanto nos sobra del equipaje que nos echamos a la espalda
cuando no sabemos ni siqiuera el camino que tomamos
ni si habrá fríos o cálidos
inviernos o veranos,
pero nos empecinamos en amontonar maletas
bolsos y mochilas
sin importarnos el peso del total
que sufrimos arrastrando
siempre por la razón más absurda,
siempre por el que pasará,
hasta que agotados en el suelo tirados nuestros sueños
vemos pasar livianos aquellos viajeros
que sonríen,
que disfrutan,
que amanecen con las ganas intactas de volver a ver atardecer,
y nos miran condescendientes
cuando nos acercan algo de agua
para apagar la sed de esa incertidumbre que transportamos
y al verlos marchar de nuevo
sin prisa al encuentro
del futuro que no saben cual es
ni les pesa su conocimiento,
nos levantamos cansados para recoger
todas y cada una de nuestras piedras,
sin aprender,
sin entender,
que el mejor de los viajes es aquel que se vive
sin pensar ni organizar
y del que el alma se nutre para ocupar
las pertenencias que hemos de llevar
que no son mas que los recuerdos
que nos palpitan en nuestro ser
y estas,
caminante,
son etéreas y eternas.
cuando no sabemos ni siqiuera el camino que tomamos
ni si habrá fríos o cálidos
inviernos o veranos,
pero nos empecinamos en amontonar maletas
bolsos y mochilas
sin importarnos el peso del total
que sufrimos arrastrando
siempre por la razón más absurda,
siempre por el que pasará,
hasta que agotados en el suelo tirados nuestros sueños
vemos pasar livianos aquellos viajeros
que sonríen,
que disfrutan,
que amanecen con las ganas intactas de volver a ver atardecer,
y nos miran condescendientes
cuando nos acercan algo de agua
para apagar la sed de esa incertidumbre que transportamos
y al verlos marchar de nuevo
sin prisa al encuentro
del futuro que no saben cual es
ni les pesa su conocimiento,
nos levantamos cansados para recoger
todas y cada una de nuestras piedras,
sin aprender,
sin entender,
que el mejor de los viajes es aquel que se vive
sin pensar ni organizar
y del que el alma se nutre para ocupar
las pertenencias que hemos de llevar
que no son mas que los recuerdos
que nos palpitan en nuestro ser
y estas,
caminante,
son etéreas y eternas.
Ni al vencer se derrota...
Abandona las prisas para correr hacia la pausa
sube hacia el cielo para enterrar el infierno
deja que se inunden las tierras secas del hastío
permíteme que abrace la vida desde la muerte
mientras seduce la paz el instante de guerra
que supone cabalgar de nuevo en el viaje
que no me lleva a ninguna parte,
y entre las ordas de enemigos que tientan mi abrazo
mira que fluya la quietud
de mirar de nuevo tus ojos cerrados
y encontrar entre tanta fuerza la delicadeza
de la oscuridad de tu luz
la sed del saciado que se pierde en lo llano
los pasadizos secretos que conoce todo el mundo
y que no llevan a ninguna parte
pues nacen de todas.
Cuánto de la vida pasada
esperando a la vuelta de la esquina
cuánto del silencio ganado a gritos,
qué fue de los que acudían prestos
a la llamada calmada
de los atardeceres de tus dunas
cuando salía el sol que los atormentaba.
De entre los ecos de los que callaron
de la fuerza de los que perdieron
deja que beba de los vinos de las vides podridas
y recupere lo que jamás se perdió
aun a riesgo de no perder nada
ni encontrar tesoro que ya no se haya vendido.
Vence a la derrota
que yo a tu costado perenne aguardo
a salvarte la espalda de aquellos que te quieren
que muertos no quejamos miedos
ni sentimos duelos
y corre cuando hayas conseguido detenerte
que yo te aguardo tranquilo
en el reposo nervioso
de volver a tenerte en mi vacío.
jueves, 23 de marzo de 2017
Camino equivocado...
Entre buscarte y que pase el tiempo
solo sucede que no te encuentro
y en el tiempo que pasa se acumula el recuerdo
de no ser capaz de avanzar
tarea ardua, mas estéril de por si,
pues lo único que se pierde siempre
es el mismo minuto,
nunca la fantasía de hallarte,
que para poco me vale
más que para alimentar un ego que esta hueco
y unas entrañas que no lo llenan
a sabiendas de que lo que hay arriba
emitió hace ya varios sueños sentencia injusta
de no hallarte en mi camino.
Y sin embargo, regalo segundos al infinito,
como si le hicieran falta
y mientras lastimo mi errante yugo
con la creciente necesidad de tenerte
no hay destino, joder,
que me cruce contigo.
solo sucede que no te encuentro
y en el tiempo que pasa se acumula el recuerdo
de no ser capaz de avanzar
tarea ardua, mas estéril de por si,
pues lo único que se pierde siempre
es el mismo minuto,
nunca la fantasía de hallarte,
que para poco me vale
más que para alimentar un ego que esta hueco
y unas entrañas que no lo llenan
a sabiendas de que lo que hay arriba
emitió hace ya varios sueños sentencia injusta
de no hallarte en mi camino.
Y sin embargo, regalo segundos al infinito,
como si le hicieran falta
y mientras lastimo mi errante yugo
con la creciente necesidad de tenerte
no hay destino, joder,
que me cruce contigo.
domingo, 19 de marzo de 2017
Flor de Lis...
No hubo, donde debió de haber,
pero que no te confunda la historia
que recuerdo quedó de lo allí vivido
unos por despecho y por demás,
otros que sobrevivieron a la hora
en la que se buscaron culpables de vivir
y traidores a la muerte.
Sereno fue el canto de la rabia que imperaba
en el corazón de los que quedaron
presentes en el proceso de dar por obligada
la callada por respuesta
después de vanagloriar a sus héroes
quejidos de armas oxidadas atrapadas
en los mares que no les dejaron navegar.
Y allá donde queda su recuerdo
donde la memoria se encarga de olvidar el silencio
donde moran las almas de los que dieron sus sueños
por la tierra que tú ahora pisas,
ahora que retumban entre las montañas los ecos de las gaitas
que alzaron la fuerza de los dioses que fueron
aquellos que perecieron,
allí nace una flor de sencillo nombre
y de preciado tesoro,
la flor de Lis,
que es símbolo de una patria y un sentir
que no se puede pisar, que no se puede dañar
porque es el recuerdo de los valientes
que a la cruzada alzaron sus manos
desnudas de armas con las que luchar
mas el coraje fue tal que su fortuna sembró estos grietas
de tanta belleza que del todo es imposible intentar
sentarse al asomo de aquel precipicio y al contemplar
todas y cada unas de tan hermosas flores
no llorar, ni de pena ni tristeza,
sino de tanta grandeza y tanta paz como lograron
uno a uno cada uno de los valientes
que allí cedieron la vida al fin
para lograr la libertad.
pero que no te confunda la historia
que recuerdo quedó de lo allí vivido
unos por despecho y por demás,
otros que sobrevivieron a la hora
en la que se buscaron culpables de vivir
y traidores a la muerte.
Sereno fue el canto de la rabia que imperaba
en el corazón de los que quedaron
presentes en el proceso de dar por obligada
la callada por respuesta
después de vanagloriar a sus héroes
quejidos de armas oxidadas atrapadas
en los mares que no les dejaron navegar.
Y allá donde queda su recuerdo
donde la memoria se encarga de olvidar el silencio
donde moran las almas de los que dieron sus sueños
por la tierra que tú ahora pisas,
ahora que retumban entre las montañas los ecos de las gaitas
que alzaron la fuerza de los dioses que fueron
aquellos que perecieron,
allí nace una flor de sencillo nombre
y de preciado tesoro,
la flor de Lis,
que es símbolo de una patria y un sentir
que no se puede pisar, que no se puede dañar
porque es el recuerdo de los valientes
que a la cruzada alzaron sus manos
desnudas de armas con las que luchar
mas el coraje fue tal que su fortuna sembró estos grietas
de tanta belleza que del todo es imposible intentar
sentarse al asomo de aquel precipicio y al contemplar
todas y cada unas de tan hermosas flores
no llorar, ni de pena ni tristeza,
sino de tanta grandeza y tanta paz como lograron
uno a uno cada uno de los valientes
que allí cedieron la vida al fin
para lograr la libertad.
sábado, 18 de marzo de 2017
Fuga de Fin...
FUGA DE
FIN.
El agua le
caía furiosa sobre su cuerpo cansado. El calor que sudaba cada gota se evaporaba
con el frío que reinaba en su interior. Sus ojos le devolvían una niebla espesa,
los condenó a permanecer cerrados. La cabeza le bailaba de un temor a otro, de
una pena a otra, de un escalofrío a otro. Era incapaz de encontrar la quietud
necesaria para cerrar el grifo y salir del pequeño receptáculo que era la
ducha. Aquellas mamparas de plástico traslucido eran, en ese instante, su fortaleza
contra los miedos que le acechaban afuera. Solo mantenía la boca abierta para
que entrara aire a bocanadas, tentado de ahogarse con el incesante caer del
agua mientras permitía que esta arremetiese contra su apestoso aliento a
alcohol. El ritmo constante, sus manos temblorosas apoyadas en los azulejos, la
tensión en cada músculo. Aquello era lo más parecido a la antesala del
purgatorio donde no tenían cabida sus pecados.
Se vistió
con la túnica de agua que le prestaba el momento.
Había
encontrado cobijo, como si fuera un conejo asustado perseguido por una reala
furiosa y sedienta de sangre. Lentamente, se fue deslizando hasta caer en la
porcelana rugosa. Abrazando sus rodillas permaneció allí contando una
eternidad, mientras no paraba de llorar. Aquellas lágrimas nacían apátridas al
fundirse obligadas con el agua para después, fallecer por el desagüe sin
constancia de su existencia. Vio pasar entre la cortina de agua y el vapor, la
sombra de sus temores que tropezó con la botella vacía tirada en el suelo.
Comprendió que estaba acabado. Su mente, en un arrebato de lucidez inesperado,
ordenó las variables y las opciones se agruparon claramente. Entendió que si
salía de aquel escondite tenía que enfrentarse a él. Y solo existían dos
opciones. Una de ellas ya la había vivido años atrás. Comprendió que era el
momento de que la otra, le cobrara el viaje.
Caminó
pesadamente, con más miedo que determinación, pero conocedor de que la decisión
estaba tomada y que había que hacerle frente. No tenía claro que fuera capaz de
conseguirlo, pero decidió no darle esa tregua al momento. Disimularía, pensó. Igual
el rencor había desaparecido, o todo había sido un alarde de nefasta
imaginación, lustros de diferencias irreconciliables con su mente que en el
fondo no habían existido más que en su mundo inventado. Se acercó con mesura,
con tiento, como esperando el mordisco de un perro lleno de miedo y rabia. Temeroso
de mirarlo, retiró despacio la banqueta roja de la falda de su piano y se
sentó. Se tomó un momento sujetando sus manos para evitar que le viera el
temblor. Izó la tapa de sus tormentos. Otro momento caducó. Respiró entonces
todo lo profundamente que le permitieron sus miedos y puso sus dedos en unas
teclas memorizadas en el fondo de su alma, donde hace años sus notas construían
sus historias vivaces acerca del amor y del deseo, de la pasión, de la risa, de
la vida. Y esperó.
Silencio.
No sucedió
nada. Absolutamente nada. ¿O si?
Aquel
piano que había sido su confidente, su amigo, su amor escondido, la fuente de
la misma inspiración que brotaba a borbotones cuando la jovialidad y la tersura
de su piel le hacían gala de miradas lascivas entre los filósofos de la vida
que le adulaban, aquel mismo piano que se lo había perdonado todo, la
indiferencia de finalizar una pieza aclamada en el tiempo y su falta de tacto a
la hora de agradecerle el esfuerzo, que en el declive había seguido sonando de
la misma manera, aunque sus dedos caminaran a trompicones entre sus costillas,
aunque sus caricias ya no tuvieran el tacto necesario, aquel piano se tornaba ahora
caballero enfermo de los males de la mente en el duelo que encarnaban sus
furias melódicas y sus sonidos compungidos. Aquel piano, estaba dispuesto a
hacerle pagar caro la osadía de no reconocerle su dedicación, la falta de mimos
cuando los necesitó y él los regalaba, generoso de ellos, a las damas baratas
de alterne en los comercios musicales, su orgullo manifiesto en los grandes
conciertos, cuando al finalizarlos, le cerraba su tapa con un portazo de
arrogancia que se le clavaba en el alma, apartándolo a un lado en la fama de
los aplausos. El mismo que había sido su escalón para progresar, su anhelo para
avanzar, para construir su fortaleza entre notas premiadas de antemano por la
crítica, su paladín, su defensor, su confesor, su gurú en la encrucijada de
ganar la gloria. Aquel mismo piano, tras años de consagración para su
beneplácito, había empezado a interpretar su venganza más cruel, su pieza
musical más dolorosa, terroríficamente abominable.
Cada nota
que él cincelaba con arte en el corazón de su piano, este le contestaba con un
silencio absoluto. No es que no sucediera nada. Al contrario. Ocurría todo. El
piano estaba componiendo para él todo un concierto magistral, toda una
maravillosa obra de arte, el éxtasis del maestro consagrado a la gloria, pero le castigaba con no poder escucharla, con
silencio, con vacío, con abismo, con la sordera del orgullo clavado en sus
entrañas. Él tocaba y tocaba, sus manos se deslizaban con los años de la
historia en su piel, expertas, concretas, precisas, confiadas de no errar la
interpretación que su mente prodigiosa le confeccionaba al momento, pero el
piano rencoroso, repleto de rabia contenida, confidente de su degradación como
compositor, conocedor de sus secretos de tantos años de represión, le arrebataba
la paz que supone escuchar su propia creación, el batir de las alas celestiales
en la armonía del contrapunto creado, la tensión resuelta de las cuerdas
percutidas, aquel bastión de las últimas corcheas furiosas, los bemoles
rígidos, el “increchento” desmesurado…
Volvieron
las amargas lágrimas a sus ojos desbordarse en ríos estériles de compasión,
cayendo mecidas por los movimientos eléctricos de su cuerpo corrupto al
afanarse en tocar más y más teclas, acordes imposibles de la pesadilla que
estaba sufriendo. Los dedos le sangraban en la orgía de odio que el piano le
restregaba en cada movimiento atacando la siguiente línea del imaginado
pentagrama. El silencio era tan inmenso, que ahogaba sus gritos de
desesperación como si se tratara de un vacío que lo engullía todo. A su
alrededor, su realidad comenzó a transformarse. La luz se volvió oscuridad. El
tacto, insustancial. El olor, en hedor de ciénagas repletas de fantasmas. El
calor, frío extremo.
El tiempo
se detuvo de repente en un sostenido interminable, los garfios de sus manos
extendidos entre la malla de las teclas del piano, la cabeza atrás, el aliento
ahogado, los músculos aún más tensos, a punto de resquebrajar la piel podrida
de su cuerpo desnudo, su mente precipitándose por el abismo del acantilado
persiguiendo el sonido inexistente, buscando el último aliento que le exculpe
de la condena a la perpetua muerte, rogando un instante de súplica, arrastrado
en el fango, cobarde, de rodillas, implorando el perdón personificado en el sonido
concreto del alma roja de la sangre que impregnaban las notas del acorde final
donde se hallaba varado y que amenazaba como guillotina presta al delirio del
populacho congregado en la plaza.
Solo
entonces, sucedió. Jadeaba extremadamente agotado.
De entre
toda la nada que giraba a su alrededor, de entre todo el silencio que le
quemaba las entrañas, sonó. Suave, extraño, pero contundente. Un simple arpegio
básico de tres notas, de inocencia infantil, de juego más que de composición,
de involuntario más que de estudio. La misma muerte que entre risotadas tocaba
a su lado las teclas que él iba dejando usadas, había decidido mofarse de él de
esa manera, cómplice de aquel piano que la había conjurado. Un arpegio de tres
notas que sonó en una cadencia ligera, una vez, dos veces, tres veces llegó a
contar. Su cuerpo se quebró. Toda la energía mantenida cedió a la fatiga
mientras aquellas notas mecían una tibia luz a lo lejos que aprendía a ser
recuerdo de lo compartido en los escenarios, solapada en el eco de un aplauso que
a falta de ser sonoro, brillaba. En ese momento comprendió, ahora que ya no
había posibilidad de enmendar los actos, justo entonces comprendió. “Es mi castigo”, pensó, como la maleta que uno carga
pesadamente llena de ropa, cuando va desnudo para el viaje a lo eterno.
La última
lección había sido determinante. Necesaria. Sublime, acordó. Pesadamente descansó
sus dedos magullados sobre la tapa de madera y con ternura, disciplinado, cerró
con suavidad el alma del piano, inclinando levemente la cabeza en señal de
profundo respeto. Cedió el sudor y la rabia de la interpretación al frío como
muestra de gratitud. Juntó las manos en su pecho, cobijando los últimos latidos
de su corazón que le marcaban un tempo “grave”. Dejó de tener miedo. Y comenzó
a escuchar, de nuevo, todas y cada una de las notas que lo habían envenenado.
Aquella maravillosa manera de introducir la pieza, acordes silábicos ejecutados
con maestría, interpretados con juicio… Estaba seguro de que sonreía, pero,
inconscientemente, ¿tarareaba?
No.
Moría.
domingo, 12 de marzo de 2017
Regreso...
En el fondo lo único que importa es cómo me miras,
y si mirándome
ves lo importante que es que tus ojos miren lo que los míos no se cansan de mirar,
y si miramos,
los dos,
juntos y a la vez lo que no miran los demás
seguro estaré de que quiero mirar y te miro, mirarme como solo tú sabes mirar.
Y lo que veo, que grande es.
Y lo que ves, que grande es.
Y al mundo que le den con sus diablos,
y los miedos que se encierren en las cuevas
de donde no salen los que no tienen valor para afrontar el regalo del destino,
del cruce de caminos.
Y a la vida que no me falte,
que la quiero toda para vivirla contigo.
Y a la muerte que no me espere,
que yo ya no puedo morir
porque tu luz ya me venció
y en esta gracia es imposible hallar final.
Y a tu risa,
que me haga bailar con tu brisa
y a tu abrazo que me haga preso
en mi condenada libertad.
y si mirándome
ves lo importante que es que tus ojos miren lo que los míos no se cansan de mirar,
y si miramos,
los dos,
juntos y a la vez lo que no miran los demás
seguro estaré de que quiero mirar y te miro, mirarme como solo tú sabes mirar.
Y lo que veo, que grande es.
Y lo que ves, que grande es.
Y al mundo que le den con sus diablos,
y los miedos que se encierren en las cuevas
de donde no salen los que no tienen valor para afrontar el regalo del destino,
del cruce de caminos.
Y a la vida que no me falte,
que la quiero toda para vivirla contigo.
Y a la muerte que no me espere,
que yo ya no puedo morir
porque tu luz ya me venció
y en esta gracia es imposible hallar final.
Y a tu risa,
que me haga bailar con tu brisa
y a tu abrazo que me haga preso
en mi condenada libertad.
domingo, 5 de marzo de 2017
Vive...
Acabo de darme cuenta de que no se trata de avanzar en lo que ya uno ha vivido sino de volver a empezar a vivir sin el rescoldo de lo pasado. No vale de nada intentar saltar de nuevo el charco donde tropezamos pensando que en él caímos. Hay que afrontar de nuevo ese salto como si nunca hubiéramos intentando saltarlo, ni hubiésemos fallado en el intento. Porque si cambiamos la ilusión de intentarlo por vez primera por el miedo al fracaso experimentado tras no conseguirlo perderemos por partida doble. Uno, porque restarle la ilusión a un momento tan fantástico como es el de intentar algo nuevo es partir de una base sin euforia, sin intensidad, sin excitación, donde el listón del reto estando alto, nos alienta, nos empuja. Dos, porque sumarle la tristeza del fracaso, o la pesadumbre de no haberlo logrado es colgar un lastre que pesa demasiado y que impide soñar.
Si vas a intentar algo por segunda vez, sea lo que sea, olvídate de que hubo una vez que lo intentaste y no lo lograste. Sobre todo, si lo que vas a intentar es vivir.
Si vas a intentar algo por segunda vez, sea lo que sea, olvídate de que hubo una vez que lo intentaste y no lo lograste. Sobre todo, si lo que vas a intentar es vivir.
Libertad...
Me dejé llevar por la melodía que rompía la noche
entre la cortina de lluvia que borraba mis lágrimas
herido de muerte en el pasado corrupto,
perdido.
Los miedos convertidos en decisiones incorrectas
lo correcto guardado en un baúl del que no tengo llave
y mientras no cesaba de perseguirme tu voz
anclada en un susurro atormentado
pidiendo a gritos que no me fuera.
Pero me marché.
Tan lejos que no recuerdo cómo volver
tan dispuesto que no quiero estar
en la misma playa donde naufragué,
pero presto a embarcarme de nuevo
sin rumbo ni estela
tan solo con la idea de encontrar
una isla única en la inmensidad de todos los mares
donde pueda acostarme al calor de un nuevo sol
que calme mi frío y mis miedos espante.
Y a esa vida llamarla libertad
y encadenarme a ella.
entre la cortina de lluvia que borraba mis lágrimas
herido de muerte en el pasado corrupto,
perdido.
Los miedos convertidos en decisiones incorrectas
lo correcto guardado en un baúl del que no tengo llave
y mientras no cesaba de perseguirme tu voz
anclada en un susurro atormentado
pidiendo a gritos que no me fuera.
Pero me marché.
Tan lejos que no recuerdo cómo volver
tan dispuesto que no quiero estar
en la misma playa donde naufragué,
pero presto a embarcarme de nuevo
sin rumbo ni estela
tan solo con la idea de encontrar
una isla única en la inmensidad de todos los mares
donde pueda acostarme al calor de un nuevo sol
que calme mi frío y mis miedos espante.
Y a esa vida llamarla libertad
y encadenarme a ella.
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