domingo, 19 de marzo de 2017

Flor de Lis...

No hubo, donde debió de haber,
pero que no te confunda la historia
que recuerdo quedó de lo allí vivido
unos por despecho y por demás,
otros que sobrevivieron a la hora
en la que se buscaron culpables de vivir
y traidores a la muerte.
Sereno fue el canto de la rabia que imperaba
en el corazón de los que quedaron
presentes en el proceso de dar por obligada
la callada por respuesta
después de vanagloriar a sus héroes
quejidos de armas oxidadas atrapadas
en los mares que no les dejaron navegar.

Y allá donde queda su recuerdo
donde la memoria se encarga de olvidar el silencio
donde moran las almas de los que dieron sus sueños
por la tierra que tú ahora pisas,
ahora que retumban entre las montañas los ecos de las gaitas
que alzaron la fuerza de los dioses que fueron
aquellos que perecieron,
allí nace una flor de sencillo nombre
y de preciado tesoro,
la flor de Lis,
que es símbolo de una patria y un sentir
que no se puede pisar, que no se puede dañar
porque es el recuerdo de los valientes
que a la cruzada alzaron sus manos
desnudas de armas con las que luchar
mas el coraje fue tal que su fortuna sembró estos grietas
de tanta belleza que del todo es imposible intentar
sentarse al asomo de aquel precipicio y al contemplar
todas y cada unas de tan hermosas flores
no llorar, ni de pena ni tristeza,
sino de tanta grandeza y tanta paz como lograron
uno a uno cada uno de los valientes
que allí cedieron la vida al fin
para lograr la libertad.

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