sube hacia el cielo para enterrar el infierno
deja que se inunden las tierras secas del hastío
permíteme que abrace la vida desde la muerte
mientras seduce la paz el instante de guerra
que supone cabalgar de nuevo en el viaje
que no me lleva a ninguna parte,
y entre las ordas de enemigos que tientan mi abrazo
mira que fluya la quietud
de mirar de nuevo tus ojos cerrados
y encontrar entre tanta fuerza la delicadeza
de la oscuridad de tu luz
la sed del saciado que se pierde en lo llano
los pasadizos secretos que conoce todo el mundo
y que no llevan a ninguna parte
pues nacen de todas.
Cuánto de la vida pasada
esperando a la vuelta de la esquina
cuánto del silencio ganado a gritos,
qué fue de los que acudían prestos
a la llamada calmada
de los atardeceres de tus dunas
cuando salía el sol que los atormentaba.
De entre los ecos de los que callaron
de la fuerza de los que perdieron
deja que beba de los vinos de las vides podridas
y recupere lo que jamás se perdió
aun a riesgo de no perder nada
ni encontrar tesoro que ya no se haya vendido.
Vence a la derrota
que yo a tu costado perenne aguardo
a salvarte la espalda de aquellos que te quieren
que muertos no quejamos miedos
ni sentimos duelos
y corre cuando hayas conseguido detenerte
que yo te aguardo tranquilo
en el reposo nervioso
de volver a tenerte en mi vacío.
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