sábado, 21 de enero de 2017

Dejó de escucharme...

Dejó de escucharme. Ni siquiera recuerdo cuanto tiempo hace de eso. Simplemente sucedió. Sin avisar. Sin más. Y sin embargo yo nunca dejé de hablarle. Y recuerdo perfectamente cuando tomé la decisión de no hacerlo jamás. Lo de menos era que me escuchara. O que no pudiera oírme. Bastaba que ella estuviera ahí. Y estaba. Sentada o de pie, mirando por la venta su mundo imaginado. Despierta o dormida, soñando sus historias de princesas. Aunque siempre sola en nuestra convivencia. Porque yo, ya no era estrella de su cielo, ni grito de su enojo. Yo, ya no, ni siquiera lágrima de su tristeza o sonrisa tibia de su recuerdo olvidado. Pero allí estábamos, dos que fueron uno que ahora, son unos luchando por mantener el par unido hasta que la última de las posibilidades se esfume. Y solo uno de nosotros consciente de que aquella, se evapora lentamente en silencio, detrás de nosotros paciente, simplemente dejando que el tiempo se agote, con calma y resignación. En el fondo la paz que cubre su velo de ignorancia es la pesada roca que pende de mi cuello y me ahoga, y a la vez me exhorta para que culmine todas mis palabras en sonrisas, sea capaz de triunfar contra los fríos que me abordan a escondidas detrás de la puerta del cuarto donde nos juramos amor. Amor. Amor. Que grande resuena en el eco de mis años pasados. Que grande. Amor. Tanto amarnos. Tanto entregado. Tanto rendido. Tanto, grande, amor. Como no voy a extrañarte ahora que te tengo en vida frente a mi, y ni siquiera soy parte de tu paisaje. Como no agradecer a la vida que me diera la oportunidad de cruzar tu camino frente al mío, cada instante vivido hasta llegar a este puerto donde tu barco se mece por la inercia de respirar aunque ya no navega, pero donde dentro sigo encontrando el calor que calma mi vida.


Dejó de escucharme, si. Pero no dejó de amarme. De eso estoy seguro. Porque sigue siendo el motor de mi despertar, mi razón de recoger en silencio los pedazos del vaso que tira perdida, mi esfuerzo por las tardes cuando me sufren mis miedos, mi tesón cuando su mirada es de ira y confusión después de todo lo vivido. Dejo de escucharme, si. Pero yo no dejaré de hablarle mientras sea capaz de articular con mi aliento una sola de las palabras que construyeron nuestro hogar, que edificaron nuestras promesas. Sigue siendo mi compás cuando bailamos a escondidas, mi canción preferida, mi vida. Tanto, grande, Amor.

Miedo...

Miedo.
Esa es la verdad. Eso es lo que siento. Miedo.
Porque se me escapa el tiempo entre mis dedos y no soy capaz de encontrar mi historia. A encontrar mis historias narradas por otros. A quedarme sin finales felices. Miedo. A que llegue el momento en el que empiezan los dolores que no tienen cura. A que no sea capaz de entenderme sin juzgarme culpable. Miedo a no conseguirlo. A no lograr hacer realidad mis sueños. A no encontrarme con esa mirada que anhelo. A que todo haya sucedido. Miedo de no tener una oportunidad de veras. De no haberla merecido. Miedo.

Miedo a no poder vivir aquello que mueve montañas, aquello que merece sacrificios. A no ser digno de las lágrimas que reclaman abrazos, a los gritos en silencio. Miedo a volver a no entenderme. A imaginarme lo que siento para no sentirme solo. Para engañar. Para no dormir solo. ¿Qué más da?. Miedo a perderte sin tenerte. Y verdadero temor a no estar a la altura. A luchar, a enfrentarme al miedo.

Carlos Rivera - ¿Cómo Pagarte? (Official Video)

A los que se lo ganaron, mi más sincero respeto