domingo, 30 de septiembre de 2012

Este es mi brindis...


Es bonito
da igual si lo miras
desde puntos de vista distintos
en callejones encerrados
o balcones floreados,
el camino siempre es largo
pero al final
merece la pena
guardarlo en la memoria.
La vida es maravillosa
dice esta canción

Y desde lo alto
puedo contemplar
calles, puertas,casas,
la cuesta arriba
que tanto esfuerzo nos supone recorrer
pero siempre hay una luz al final
subiendo los escalones
donde me siento a reflexionar
cuanto me gusta tu sonrisa,
cuanto me gusta tu sonrisa,
cuanto me gusta...tu sonrisa,
y cuanto más me gusta,
más vivo me siento.

Y desde lo alto
puedes contemplar
aquello que observas
ahora que estás
sentada junto a mi,
los dueños de tu andar cosntante
que es avanzar
el tesón del esfuerzo
y la paz de su recompensa
el llegar a donde quieres
justo,
justo, al ponerse el sol
y descansar...
pensar solo en hoy
refrescar el alma
en la propia vida,
el mundo es maravilloso,
y volver a sonreir...

sábado, 29 de septiembre de 2012

Marinero...


Quería echar mi barca al mar,
hacerla navegar hacía ti
pero no me di cuenta
que absoluta calma
pintaba el horizonte
los reflejos inmóviles,
los vientos quietos
de nada me sirvió
izar mi lastimosa vela
pero el deseo me pudo,
siempre si es por llegar a tu vera,
y rompí el espejo
que me mantenía a flote
hiriendo la mar con mis viejos remos
y buscando las fuerzas
bogué lentamente con el mismo rumbo,
respirando el salitre que me inundaba las venas
removiendo mi conciencia a su paso
por lo complicado de mi sentido.

No temo,
no me asusta,
no corrompe mi epopeya
que el tiempo no ceda en su rutina
de marcar las horas,
que los días y las noches se sucedan
sin conocimiento de un fin concreto,
es tiempo ,y tiempo ,
tengo todo el que me regala la vida
pues mientras viva,
no me quedo sin él
y muerto,
la odisea de llegar a ti habrá perdido juicio,
y los fantasmas entonces
no tendrán el valor
de echarme en cara que toda una vida,
la que tenía entonces,
la sembrara con la semilla
de la incertidumbre de encontrarte.

A mi lado
mi inextinguible compañera,
inmortal,
la que no pierde oportunidad
de serme infiel con otra vida,
la que me guía, y reconozco,
que más veces me turbía,
la que me engatusa
con versos contaminados
leídos en la infancia,
describiendo parajes y paraísos
que no he conseguido jamás hallar,
pero que me alienta
a seguir constante avanzando
remando con lentitud
con pausado esfuerzo
hacia ese infinito que es tu horizonte,
perfectamente sentada
equilibrando mi barca
con su sonrisa perenne,
su blanco manto
y el brillo fugaz en sus ojos.

No cede el Sol
y aparece y desaparece,
jugando con la Luna
a no encontrarse jamás,
cuanto me recuerda,
cuando flojean mis fuerzas,
en los amaneceres fríos
que me toca malvivir
cuando mis huesos
se encuentran fuera del mar,
a mi propia historia
tantas veces maldecida
y repetida,
de seguir siempre tras de ti,
y no darte alcance nunca,
que más si no fuera porque en ti creo
renegado tirado estaría,
en el suelo de la propia muerte
rogando al mismísimo diablo
perecer en sus hogueras
de alquitranes putrefactos,
pero puestos a navegar
de nuevo,
me da la vida el silencio que me acuna
la brisa en mi rostro viejo,
la dulce idea de esta vez
conseguir llegar
y vuelvo a izar mi vela,
siempre rasgada,
cansada de no encontrar
el barlovento deseado,
como estandarte de mi esfuerzo
aunque me toque remar, y remar
siempre henchida mi barca
de orgullo marino
como la primera vez
que fue botada.

Las sirenas se apiadan
de lo que queda de mi
y con sus cánticos
adormecen mis noches
imploran divinidades
que me halagan en sueños
brindándome océanos de azules profundos
de majestuosas olas,
de vientos severos
de fuerza hercúlea,
playas de infinita arena
que susurran desiertos;
me presentan
al mismísimo Poseidón,
me convida a manjares
me regala perfúmenes,
me acomoda en divanes
de conchas marinas,
y cuando estoy flotando
en el sueño mas grato,
cuando entras en mi mente,
cuando me ven sonreir,
en el final de mi viaje,
ceden su destino
a no tenerme consigo,
y entonando una sola melodía
siempre la mas dulce voz,
me empujan liviano
de nuevo a la ruta
encarado al amanecer.

No llevo brújula
que me oriente,
mas las estrellas creo me guían,
o mas bien,
mi fe en ellas me engaña,
siendo condescendiente
conmigo mismo,
pues siempre termino
varado en la misma playa
tras días de no encontrarte,
y noches eternas de soñarte,
pensando como será
dejar de navegar hacia el Sol
siempre hacia el Sol,
y no regresar,
pero mañana
que amanecerá de nuevo
volveré a arrastrar mi barca
de nuevo al mar
y pondré rumbo al Sol
para renunciar a los temores
de estar en tierra enrarecida
y volver a creer
que te encontraré,
que algún día amarraré
mi soga gastada de tanto dique esteril
en tu puerto,
que echaré pie a tierra y el mar,
lavara entonces mi alma cansada,
que tu mirada disipará
la niebla marina,
dejándome contemplar
el paraíso deseado,
que tu latido marcará
el único tiempo que me quede
para morir en paz
sabiendo que en lo que creía
no era una historia de marinos,
ahogados en lagos de agua dulce,
de soledad y tristeza densa,
sino lo que me contaban
aquellos versos que distraída
mi compañera en mi barca,
me hacía siempre recordar,
que leídos en la infancia,
siendo muy niño,
creí con toda la pequeña fuerza
de mi alma marinera,
aquel himno sagrado que rezaba
siempre el viejo junto al mar
ese Aleluya eterno.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Musicándote...

Quiero ponerle
música a mis versos
que mis palabras bailen
sobre las notas de una sinfonia imaginada,
para que puedan ayudarme
los compases y la métrica,
a llegar hasta lo más hondo
de tu paciencia infinita
y allí intentar explicarte
que mis palabras sin música
parecen un mar sin sal
o un cielo sin estrellas,
y aunque dibujan con certeza
siempre les faltan colores,
que solo quiero que formes
parte de mi
mostrarme la manera
de como darte mi mano
para que me ayudes a ser parte de ti,
¿qué menos que poder tenerlo todo?
No será la mejor,seguro,
yo no se componer
apenas acierto a juntar letras
pero me sobra tesón
si se trata de ti
así que te compongo
esta lluvia de perlas
que hablan de ti,y que me alegran el día
y que su propósito
es que rias de corazón,
aunque sea un instante efímero
y un chispazo de esa luz,
y al leerlo ,espero que escuches la música
que no he sabido escribir,
pero que está presente
en cada escalon de esta escalera,
en tu sonrisa que me inspira
y en tus ojos que me miran,
y me miman.
Asi que te compongo,
hoy no te escribo
y que acierto sería
poder cantarte esta canción
como cantaba Elthon Jhon,
"your song",
mirándote a los ojos
mientras deslizo mis manos
por el piano infinito de tu piel.

martes, 25 de septiembre de 2012

Ahora...

Ahora que me arropo
con el calor que no tengo
que toca cerrar los ojos
y abrir las puertas a lo irreal,
ahora que me acuna la música
que tu elegiste para bailar,
es cuando me permito soñar.

Ahora,que de certeza no queda nada
que las palabras son siempre susurradas
el preciso momento en el que el silencio
lo narra todo,compas tras compas,
allegro man no troppo,
ahora que lo que comienza a suceder
no sucederá jamás
justo cuando la conciencia de lo que empieza
pierde valor y se evapora,
me permito soñar.

Ahora que las canciones
me transportan al paraiso de tu mirada
que el eco de tu piel
resuena entre mis dedos
donde jugaban tus cabellos y se perdian
ahora que mis pensamientos te evocan,
que mis labios temen volverte a besar
y volver a quedar prendidos de ti,
esta fracción del tiempo robada
que ocurre en mi mundo interior,
en la historia paralela a mi presente,
ahora me permito soñar.

La magia de lo acontecido me embarga
mis latidos como resortes
saltando en mi pecho,
respirar profundo,sosegado,
mi mente pensando en ti
acompaña aquel tema que penetra en mis neuronas,
aquellas letras que me regalastes,
aquellos momentos que me prestastes,
explota la sensación,
"te dejé el amor en tu guantera",
abandero el deseo de no perderte,
ni dejar de soñarte,
ni dejar de mirarte,
ni que dejes tú de mirarme a mi,
al menos,mientras sea capaz de soñar.

Ahora que ya no siento
mi piel contra mi piel,
cuando ya no tengo voluntad
de decidir
ni posibilidad de razonar,
ahora que las luces
son miles de reflejos,
que los relojes se licuan,
que el tiempo pierde importancia,
que la musica me empuja al precipicio
del mar de lo irreal,
justo ahora,
me permito soñar
y sonrio delicadamente,
allegro,man no troppo,
no se si en mis sueños estarás.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Divago...

-Hola.
-Hola.
-Te he echado de menos...
-¿A mi?.
-Si,a ti,mucho,porque no estabas a mi lado.
-Nunca he estado a tu lado.
-Tú no,pero yo te soñaba siempre conmigo.
-Pero entonces echarás de menos tus sueños,no a mi.
-¿Y no estamos soñando?.
-Si,por eso estoy a tu lado.
-Pues ya te echo de menos...
-Será porque estás despertando,y dejas de soñar.
-Prefiero echarte de menos,y despertar sabiendo que te tenía que tenerte sabiendo que estoy soñando y que despertaré.
-Pues despierta,así yo me quedo en tu sueño,y tú me sigues echando de menos.
-Debiera,aunque en el fondo me contradigo,no quiero despertarme ni quiero seguir soñándote.
-¿Entonces?.
-Lo que no quiero es echarte más de menos.
-Ya es tarde para eso,estás despertando.
-¿Entonces es un adios?.
-Supongo que si.

domingo, 23 de septiembre de 2012

Cielo estrellado...

Contemplaba esta noche
el cielo estrellado
en un alto del camino
elegido para recorrer
y el eco de tu voz me contaba
historias de silencios
de batallas de tiempos perdidos
y certezas ganadas
dineros perdidos,tesoros
aparcados en arcenes tristes y grises,
que tonteria amar y ser amado,
y sin embargo pausadas
sonaban mil canciones
elegidas al azar
que me hablaban de ti
y de mi
de voces grabadas en corazones amargados
nombres propios de mujeres atadas
con sogas de escarcha,
arrastradas por destinos impuestos
e infelices,
sujetando con cordeles de seda
hombres destronados de su consuelo,
amar y ser amado,
que falta de juicio
demasiados corazones sin consuelo
y consuelos demasiado corruptos,
vendimiados a conciencia
en tierras esteriles de sentido comun.
Y pasaban fugaces,estrellas de deseos
y al vuelo, sin pensarlo, mis labios murmuraron
ni siquiera me pude oir,
pero rompí a llorar,un deseo pedía
me amargaba el alma la pena
de no creer en ti,
de no poder remontar este rio
tantas veces prometido
y tu voz volvió a sonar,
estallando en el silencio,
volvía a templar mi cuerpo herido
acunando mis miedos hasta dormirlos
mostrándome la chispa de la esencia
de lo que torpemente buscaba,
con la firmeza de tu inocencia
prestada a la madured
que siempre me desborda
entre pensamientos que no son sueños.
Las heridas cerraban
mas el alma quedaba muerto,
y muerto éste, no corría la sangre
de las arterias colapsadas
no merece la pena dejar caer la maleta,
si no me espera el final
de la compunjida derrota,
amar y ser amado,
yo no pedí desear
pero lo deseado se alejaba
de lo siempre soñado
fruto de los efluvios de las grandes ciudades
de los anonimatos consentidos
de las amistades interesadas,
y entonces me aferro
en este alto del camino,
por lo que brillan tus ojos,
y sereno respiro
el aire mojado
de la tormenta arrastrado,
y las secuencias de mi pequeña historia
compartida contigo,
pasan veloces incendiando mi mundo
y entonces comprendo
que no es amar y ser amado
sino no esperar amar y ser amado,
dejar que la sorpresa sea el cimiento
no de lo que debemos edificar,
sino de las barreras que debemos derruir.

Hoy mis ventanas no tienen cortinas...

Hoy mis ventanas no tienen cortinas
está mi casa desnuda
la luz entra sin medida
y veo los árboles mecidos por el viento
la lluvia que hubo
dejó su impronta en los cristales,
ahora lo veo,
no tengo cortinas en mis ventanas.

Mis cortinas son crudas
de sencillo diseño
apenas una flor en su caida
y unos ribetes a sus pies,
pero aun comedidas en sus tonos
cubrían mis ventanas,
defendían mi intimidad,
respetaban mi privacidad,
me alejaban de todo
no me acercaban a nada.

Solo yo disponía si quería ver
o tener la osadía de ser visto
por algun vouyer
de mirada ingeniosa,
pero las mismas me encerraban
en la fortaleza de mis paredes
levantadas con tesón y esfuerzo
disciplinada tarea,
liviana queda ahora que no tengo
cortinas en mis ventanas.

Miro los marcos
de mis blancas ventanas
que sujetan los vidrios
de mis atalayas
desde donde no veo ballenas
ni mares embravecidos
aunque diviso pequeñas motas
del polvo humano
que se posa en las calles,
desconocedores todos
de que son observados por mi
por no tener cortinas en mis ventanas.

Oigo los giros
de mi vieja lavadora
donde ahora ahogadas
lavan sus jirones
mis cortinas manchadas
impregnándose de aromas marchitos
de inexistentes esencias.
Voy preparando
sus ganchos malditos,
su cosido perenne,
que las mantendran caidas
sobre mis ventanas
a merced de mis deseos de ver
y mis temores de ser visto.

Hoy mis ventanas no tienen cortinas
está mi casa desnuda
sosiega mi alma
que tú estés frente a ella
cediendo la justa luz
que deba entrar bella
y a la vez torturándome
con la que sale de mis adentros para afuera
robando la justa medida
de lo observado ,lo ganado.

Pero no terminan de lavarse,
no concluye su ciclo vital
no se por qué quité
de mis ventanas las cortinas
sin saber a ciencia cierta
cuánto tardarían en estar
limpias otra vez.
Temo de mi fobia
de ver y ser visto,
colmar tu paciencia
de estar conmigo,
ahora que está desnuda mi casa
mis ventanas no tienen cortinas.

sábado, 22 de septiembre de 2012

Pintando...

Espero que no te canses nunca de ser mi musa,de posar para mi. Eres la que domina mis sentimientos,la que hace que el carboncillo de mi mano se deshaga creando trazos que dicen tanto de ti,rellenando el oleo frío hasta transformarlo en puro arte.

Estoy ansioso esperando que tus nudillos toquen en mi puerta. Vuelvo a mirar todo mi estudio,a repasar que todo esté perfectamente descolocado,como la primera vez y son ya cientos las veces que anduviste relajada por estas cuatro paredes buscando tu mejor postura,a tu libre albedrio mientras yo te perseguía con mi mirada interesada,admirando tu cuerpo desnudo,divagando entre bocetos y trazos sin sentido sin ser capaz de concluir en nada.

Eres fundamental para mi. Saber que sabes lo que busco encontrar,sin la necesidad de cruzar palabras me facilita tanto el trabajo,no tengo que forzar mi extraña timided y mi introvertido mundo. Me basta con callar.

Siempre me refugio tras la puerta y agacho mi cabeza cuando pasas,muerto de la verguenza de tenerte, como si de una diosa se tratara, conocedora de todos mis miedos,pero respetuosa con ellos, sin idea de sobrepasarse o abusar de ello. Siempre tu sonrisa te precede como un ejercito victorioso, siempre detrás tus ojos inmensos y tras de ti,la estela de tu perfume. Al final del comienzo, tu voz suave deseándome un buen día.

Entras con fuerza, tu caracter determinante, conocedora de tu sutileza y tus armas de mujer, de tus polos opuestos,observando mi destartalado estudio,mi falta de orden y organización pero benevolente conmigo siempre,dejas caer tu abrigo sobre el butacon, te quitas los guantes mientras paseas entre cuadros inconclusos y oleos resecos mirándolo todo. Observo tu cuerpo, tus formas, tus curvas, siempre con respeto y empiezan a bullir ideas en mi mente.

Encuentras el hueco, el sitio perfecto y te desnudas lentamente...rápidamente transporto el caballete y el cuadro en blanco frente a ti. Me miras con delicadeza, sin pudor. Tu desnudo es tan bello y tu aire tan fuerte que dominas la situación. Tu voz engalana el principio del trabajo con sutileza y capacidad de inicio,como si de un susurro se tratara das leves pinceladas de como se encuentra de ánimos tu día. La luz es perfecta. Sabes como sacarle provecho a tus luces y sombras. Y yo solo tengo que pintar.

Observo tu posado,como la luz baña tu cuerpo creando una melodía de claroscuros imperiosa, toda una sinfonía de agudos y graves. Mi mano toma el carboncillo y sin apenas desviar la mirada de ti, crea trazos imposibles en el oleo virgen, negros que dibujan sentimientos, que me expresan, que dicen acerca de mi lo que cuento acerca de ti,lo que me regalas. Plasmo tu mirada cautivadora, ese brillo ausente que tilda en tus ojos como si de una tímida vela se tratara,intentando dar luz a toda una cueva y, aun conocedora de que es imposible iluminarla por completo ,se ierge danzando sin titubeos. Creo la firmeza con la que miras y defiendes tu postura, la geometría utopica de tus párpados, la dulzura de dejarlos caer. Trazos finos dibujan tu boca,tus labios carnosos, rosados, guardianes de tu sonrisa ,la que derrumba torres de gigantes con solo lucirla desinteresada.

Deslizo el carboncillo por tu cuello bello,soportando el giro abstracto de tu rostro, guión del resto de tu anatomía delicada. A su vera tu cabello oscuro, tu media melena de dispares formas, el patio de juegos de afortunados dedos. Recreo las formas en tu pecho menudo, siempre inspirado ,donde emana la fuerza de tu aliento cuando pronuncias palabras, o la delicadeza de tu susurro . La cruz de tus brazos esculpiendo el posado,siéndolo todo en la geometría de tu sensualidad femenina, perfectamente situados con esencia sensual. Mi muñeca crea giros imposibles pintando las curvas de tus caderas, el carbón grueso líneas del contorno de tus piernas, afilo la punta para esculpir tus pies delicados. Con sutileza creo el paraiso de tu sexo y la isla de tu ombligo.

Una vez que te tengo en mi cuadro es cuando mas te disfruto. Ahora tengo que rellenarte de sombras, deslizar claroscuros por tu piel. Ahora es cuando empiezo a acariciarte sin tocarte,cuando mis dedos recrean las imágenes que de ti absorve mi retina. La simbiosis perfecta del rincón elegido y mi mirada bohemia. Creo los volúmenes de tu cuerpo, ahora es cuando las curvas de tu anatomía se tranforman, los reflejos de la luz en tu piel se apoderan de la propia vida y todo es la visión de ti que me regalas. Levanto levemente la vista de mi cuadro para admirar tu belleza, y en el fondo beberme tu paciencia. Mirarte con admiración de verte estoicamente en tu postura inicial, sin un ápice de disgusto ni cansancio en tus gestos, agradeciéndotelo con una inclinación de cabeza que me sumerge de nuevo en mi creación. Solo el tiempo es condescendiente con nosotros y pasa lento y agradable...

La misma delicadeza del principio tilda el final. La misma sensualidad te viste. La misma fuerza te guía en darme un beso en la mejilla cuando abandonas mi estudio, sin ver la obra creada, como siempre ha sido. Los mismos deseos de buenaventuras para disfrutarlos,hasta la próxima ocasión en que sus ojos quieran pintarme. Al final,su imagen grabada, y el perfume en mi buardilla, dan el punto y final al cuadro concluso. Y me sumergen en el olvido profundo de mi vida. Siempre agradecido.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Al final del camino...

Al final del camino
en los cuentos de hadas
siempre hay un momento
en el que él,siempre Principe
y ella siempre doncella,
viven felices,
ya siento lo de las pobres perdices.

Al final del camino
tras la alambrada
siempre hay un amigo,
del que no sabes nada,
que te llama en gritos y te guía
hacia la salida de tus singulares problemas
entre afilados cuchillos de plomo
rugiendo por quitarte la vida.

Al final del camino
en la desembocadura del rio
siempre aparece inmenso el mar
y al fondo el sol
enseñándote lo que es libertad
dándotela a probar
salada y fría,
para que tu alma respire
que es no tener cadenas.

Al final del camino
en mi vida
siempre estas tú
con tu mano amiga,
para que frene mi caida
cuando se ha convertido el paseo
en arriesgado acantilado
y posarme suave
de nuevo en la ruta
de mi vivir constante.

Creo en ti...

No queria mirar. Pero allí estaba mirando tras la ventana. No me escondía,es cierto. Estaba en el centro del ventanal observando la escena. Pero no había sido mi intención ser testigo de la misma. Me sorprendió al pasar y me quedé petrificado.

No podía escuchar nada,tampoco era necesario. La imagen hablaba por si sola. Tu frente a él. Él frente a ti. Tus manos entrelazadas, su rostro sereno, las lágrimas resbalando por tus mejillas brillando como fugaces estrellas. Su gesto rápido y su verónica con la capa cuando decidió marcharse. Tu llanto estallar.

Quede consternado. No debiera haber mirado,pero no podía apartar mis ojos de ti. Quería absorver tu dolor,librarte de esa carga aun sin saber razones,solo por aliviar tu pena. Mis manos se cerraron en puños,no de rabia,sino de impotencia,de maldecir por verte vivir lo triste de la vida y tener que luchar conmigo mismo ante la tesitura de que eres vida y debes vivir.

Pero no me atormentaba más aquella sensación de no poder hacer nada, que la certeza de ser consciente de que no podía confesar mi delito.¿Cómo iba a postrarme delante de ti y decirte de corazón que lo sentía,que podías contar conmigo?. Se que te sentirías ultrajada y violenta,que se quebraría nuestra confianza, por mucho que yo quisiera explicarme, no querrías atender a mis razonamientos. Podría abordar con decisión tu ira y conseguir aplacarla,pero el tiempo invertido y tu situacion del momento me obligaría a disimular.

Lo que más me preocupa es cómo afrontaré tu mirada. Porque vas a abrir esa puerta y vas a mirarme y en tus ojos voy a encontrar un mar oscuro de tristeza, y en el timbre de tu voz,la fatalidad se va a filtrar entre las palabras y los susurros. Podría entonces preguntar,sin mas,como si no pasara nada más de lo que pasa normalmente, y esperar a que tú decidieras confiarme tu pesar,pero los dos sabemos que nos cuesta,siempre nos cuesta y aunque eso fortalece la confianza depositada, al final es tiempo que no apaga las llamas mientras se avivan.

Temo también del silencio, de que el momento no sea el oportuno y caigamos en la serenidad de no decirnos nada,respetar tu espacio, tu necesidad, prescindir de las ganas de abrazarte y decirte que no pasa nada. Me tortura no serte útil cuando lo necesitas, y tener la frivolidad de pensar que me necesitas.

Vuelvo a estar en la ventana, recobrando la conciencia del momento. Mis ensoñaciones desaparecen paulatinamente dejando que se filtren los haces de luz que entran por los cristales. Fijo mi mirada en el jardín. Allí ya no estás. Oigo tus pasos tras de mi. Respiro hondo...huele a ti. Tu mano pausada sobre mi hombro,la noto cálida. Tu voz suena suave,cuando me susurras "tengo que contarte...",y todos mis temores se evaporan densos y creo en lo que construimos juntos.

Y te escucho en silencio...

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Anoche te soñé...

Anoche te soñé,
debieras ser tú,
aquella playa de arena blanca
de mar en calma
olas imperfectas
y cristalinas aguas,
sin duda,debieras ser tú.

Anoche te soñé,
debieras ser tú,
la tormenta pasada
el olor a tierra mojada
las últimas gotas de lluvia
la brisa fresca
el poso del silencio,
sin duda,debieras ser tú.

Anoche te soñé,
debieras ser tú,
los dorados reflejos del cava
las burbujas infinitas
el dulce sorbo
tras la sonrisa del brindis
la música alrededor,
sin duda,debieras ser tú.

Anoche te soñé,
debieras ser tú,
la piel suave
el beso profundo
el aliento eterno
la caricia ofrecida
el calor compartido,
no dudo,eras tú.

martes, 18 de septiembre de 2012

Echarte de menos...

¿Cómo se denomina
la ausencia de la paz,
la falta de esa calma chicha,
el resquemor de no estar
en el mismo sitio
ni respirar al unísono?.

¿Cómo lo llaman
a eso de desear tener,
de no poder compartir sonrisas
y querer ,hasta el extremo, hacerlo,
sentir el alma hueco
desvivido del momento esteril
el calor de las brasas vivas
de la hoguera apagada?.

¿Cómo lo nombran
las generaciones marchitas,
los amores perdidos,
los amantes cautivos,
la ausencia del lazo que une
las manos suaves de la caricia perfecta,
el recuerdo de la historia ya germinada
la pareja en singular?.

Ah,si...echar de menos,
mucho,
echarte a ti,
la conversación diaria,
la presencia pausada,
la mirada y la sonrisa
la breve historia de tu día vivido,
el escuchar el mio torcido...

Pero al mismo tiempo
cuanto engalana mis sentidos no tenerte próxima,
saber que exaltas tu luz con los recovecos de tu camino,
desear tenerte y disfrutar del deseo de no hacerlo,
cuanto de cordel y de maroma robusta estos pensamientos hayan,
entre el diapasón de la nota perfecta
que afina mis sentidos,
me enriquece tu ausencia
al echarte tanto de menos.

Después de la tormenta...

Acabo de abrir las ventanas del balcón de mi habitación. Un aroma intenso a tierra mojada,a tormenta pasada y el frescor de la lluvia caida ha inundado mis sentidos e imperiosamente tu recuerdo ha acudido a mi memoria,y tu voz,dulce,a resonado con un eco suave, contándome aquella metáfora que construiste sobre tan esplendida condición climatológica.

Ante el paraiso que me brinda el paisaje,y el que pintan con oleos mis recuerdos de aquel momento,acuden a mi aquellos días de ayer en los que empezabamos a caminar,y nunca mejor dicho,pues con paseos serenos abriamos la puerta del conocerse,del descubrir incierto de nuestras vivencias,acuñando el respeto necesario y regando la confianza que plantada,crece poco a poco y echa sus primeras flores.

La primera vez que templé mi mirada en el mar de tus ojos, la sonrisa que tanto me da cada mañana, aquellas dulces galletas,ese café,las pautas sin pausas, el inesperado reencuentro de tu saludo y tu sonrisa,y sobre todo, el dorado campo de verdades enunciadas y el bosque de gratas sensaciones compartidas,aquellos silencios que tanto nos acunan y los errores de los que hemos aprendido.

En realidad,han pasado unas horas desde que abrì las puertas, pero sentado en el quicio ,aun perduran en el aire los efluvios de la tormenta,y entonces agradezco que haya llovido, y huela tanto a ti.

Eres la primera palabra

Eres la primera palabra
la que acude rápida a la mente divagante
leída siempre con esmero, esfuerzo certero,
ni aguda ni esdrújula, llana tampoco,
de sonido rítmico y métrica sencilla,
pronunciada no pierde valor
escuchada suena mejor.

Eres la primera palabra ,
la que empieza mi oración,
la que afirma con rotundidad
delimitando la exposición de lo acontecido,
negación igual de rotunda,
acotado el vástago del respeto,
firmeza infinita aun amaneciendo en los labios
que con delicadeza la pronuncian.

Eres la primera palabra,
aquella que describe melancólica,
lo vivido por vivir,
la que entusiasma las ganas
y engalana mil razones,
para ser oida mil veces repetida,
con su sonido diferente
eco del resto de lo escuchado,
abanderada de tu propuesta.

Eres la primera palabra,
la que me enaltece si la escribo,
tantas veces deletreada entre mis sueños,
aquella que me libra de los llantos
y me da las penas y alegrías.
La unión de tan pocas y tantas letras,
algunas veces más, otras parecen menos,
pero siempre constante, dicreta, eterna en la retina
de la mirada que la contempla.

Eres la primera palabra,
hechizada en mil conjunros de meigas ciegas
de latidos intensos de tu garra felina,
la premura de mi caricia y la envidia de mis manos,
el resto de lo narrado escrito en silencio,
perdido entre los llantos de los que no osan escucharla,
el perdón comunicado,
la ira contenida,
la fortaleza de la misma vida.

Eres la primera palabra,
la que comienza mi historia
cada mañana descubierta,
la que acompaña mis andares,
nombrada siempre a mi vera,
la que me pinta ese cielo de azules,
o enegrece en la tormenta,
la que me da cabida y refugio,
la que siempre se escapa
en el precipicio de mis sueños.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Un pensamiento...

Espero que de las sombras de la calida noche
acunes el silencio intenso,
de la mirada sincera que discurre
entre los parpados cerrados
y descubras la esencia del instante
el roce de la piel con la piel erizando tu vello
el alba del amanecer aun no transcurrido.

Que el rocio caido sacie tu sed
y el precipicio salvado agite tu pulso
tu corazón bravo y sus latidos
entre besos tus labios sean rapidos y copiosos,
las aguas surcadas de rios profundos,
lunas blancas de cuartos perdidos
y tantas sensaciones como estrellados brillos.

Ruego pierdas el camino
las rectas conviertas en pronunciadas curvas
que tu realidad supere lo soñado en su ausencia
que las hogueras creadas quemen tu piel
que los lazos junten tus manos
y la seda oculte la luz
que no despiertes del sueño
de sentirte princesa en un castillo encantado
y entre los destellos de tus anacarados ojos,
brille esa chispa de ti que me hace creerte feliz.

Paro y pienso...

Paro y pienso
reflexiono,
¿cuánta luz cabrá en tus ojos?
si yo los miro y los recuerdo tan iluminados.

Paro y pienso,
recapacito,
¿y si tanta cupiese, cuanta vería?
si una vez mirados, dejan  brillos en mi alma.

Paro y pienso,
no estoy loco,
¿y de tanta luz, cuánto es color?
si me miras, nacen arcoiris en mi mente.

Paro y pienso,
y si lo estuviera,
¿ brillarían más aún?
mil veces los contemplaría.

Paro y pienso,
y si no pienso,
¿perderían su luz?
entonces mil veces no, mil mas mil los miraría.


Día de fiesta...

Voy a describirte lo que veo...

 Desde aquí, el prado donde al fondo, los muchachos han construido el cercado con las terneras, que revolotean jugando entre ellas, a la espera de que formen parte de los traspies de los más jóvenes por correr tras de ellas, a media mañana, cuando suene la trompeta y replique el tambor. Está en la planicie que deja el valle, entre los dos pequeños repechos que dibujan la entrada al pueblo. El de la izquierda, repleto de pinares,antesala del bosque firme y perenne, verde siempre de intensidad rasgado por los rayos del sol que penetran por sus cortezas de hojarascas y raices. El de la derecha, coronado por los prados dorados de los trigos mecidos por el mismo sol.

Mas hacia oriente, aparecen las primeras casas,engalanadas sus terrazas y porches con infinitas flores, sus maderas barnizadas, sus piedras grises labradas. Hoy es un día especial, la esperada Diada, y todo el mundo arrima el hombro para que sea una gran fiesta. Los hombres y las mujeres, las mujeres y los hombres, pequeños y grandes, todos intentando que la pesadumbre del resto de los días quede en el olvido entre risas y cantos, entre bailes y festejos. Puedo ver el ir y venir de las gentes, afanosas en su tarea de divertirse, en corros reunidos entonando antiguas canciones, otros bailándolas entusiastas.

Si más hacia la derecha miro, veo la cuesta que lleva a la Plaza Mayor, donde hay unas gentes preparando el castillo de fuegos artificiales que esta noche reventará el silencio oscuro del cielo con destellos infinitos, relámpagos y truenos bien merecidos. Con esmero y dedicación, y buena dosis de cautela elaboran el fin de esta fiesta , el colofón, la despedida hasta el proximo año. Sin duda, boquiabierto quedaremos absorviendo los colores en el cielo para impregnarlos en nuestra retina.

Los crios no dejan de correr entre las casas, de gritar y alborotar, meciendo el pueblo en un estruendo juvenil que nos trasnporta a todos a edades tan recordadas. Se dedican a llamar a las puertas y salir corriendo, y siempre al último, le toca ser presa del dueño, que le moja con un cantaro de agua del río, fría como los tempanos de hielo. Sus chillidos y nuestras risas, acompasan a las peñas que cantan con sus dulzainas y tambores como si de uno mas de la orquesta se tratara. La suerte nos sonrie, y son muchos los chiquillos que juegan para beneplácito de sus padres y gentes de la comarca.

Terminando la panorámica hacia la derecha se encuentra el castillo de quien es dueño de estas tierras, soberano si, pero humilde y sencillo, que acompaña con viandas y brebajes, vinos y quesos, carnes y pescados para todos nosotros, el buen hacer festivo del pueblo. Su castillo vestido para la ocasión, de sus torres penden serpentinas de colores, telas mecidas por la brisa que flanean en un quieto movimiento. En sus almenas no hay guerreros sino campesinos, que suben toneles repletos de panes dulces, que a media tarde se lanzarán para regocijo de los que quieran luchar por uno de ellos en el embarrado foso. Ningún año he visto caer uno solo de esos panecillos a la tierra, la marea de manos es tal, que no se desperdicia ni una sola miga.

Detrás de la inmensa construcción están las montañas, que hoy se ven claras y certeras, gracias a que el sol brilla con naturalidad y el cielo está limpio de nubes. Hoy nos regalan una temperatura tan agradable que el fervor de la fiesta se encandila, acompaña las ganas de festejar, de pasarlo bien, de disfrutar de la compañia de las gentes, de las historias, de las canciones, los trucos de la magia, el paseo de cabezudos, los alequines y las marinetas para los mas pequeños, con sus cuentacuentos y cumplesueños, de las hogueras, las mesas en las plazas, los bailes, las risas a carcajadas...

Ahora que termino de recorrer la vista que me ofrece mi atalaya encuentro tu rostro, a mi diestra, mirando al infinito que te describo, con los ojos tristes, brillantes. Tus labios serenos, tu expresión serena y el silencio enormemente callado. Y no consigo entender. Pero fuerte agarro tu mano, y tú, fuerte la mía.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Me siento un hombre,feliz...

Me siento un hombre, feliz. Jamás pensé que campos tan bastos y siembras tan duras pudieran ser mas satisfactorias que las guerras vividas,las heridas sufridas, los muertos contados. Antes fui guerrero,ya no consiento la guerra. Hoy acabo de sembrar de nuevo mis tierras,y reposado en los arados,miro con satisfacción al horizonte,divisando toda la extensión. No me cansa mirarla,me tranquiliza y me sosiega. Aun siendo el trabajo duro,inacabable, jornadas de implacable solana,lluvias y barrizales,frios madrugadores y nieves decepcionantes,el hecho de verlo crecer poco a poco,como resultado del mimo,de la dedicación,del esfuerzo compartido es increiblemente recompensante. De una pequeña semilla,a un trigo dorado,mecido por la brisa, al olor de la hogaza de pan que con el fabricas. Es tan reconfortante compartirlo contigo en la mesa, es de los dos,de nuestro sudor, de nuestro empeño de conseguirlo,cada uno batallando en su diestra,ya sabeis que yo no se amasar ni tengo la sutileza de vuestras manos ábiles.

Atrás han quedado los yelmos,las espadas y los arcos,las flechas partidas y la pólvora mojada. Las guerras ganadas y las tantas perdidas,sin el juicio divino que las propiciaba, la sin razón que las defendia, sin amos ni vasallos, sin sangre derramada por nada. Lo he cambiado por puestas de sol doradas, por tu mano suave rozando la mía en un paseo entre los árboles,por cielos azules y lluvias suaves,pero también por tormentas de truenos y cegadores rayos, por riadas descontroladas y granizos hirientes. He cambiado mi guerra por matar por mi lucha por vivir. Y cuando reposo mi alma castigada en mi cuerpo cansado,cediéndole la vida por tu mirada,entonces me doy cuenta de cuanto bien hice por destronar a esos reyes de mi conciencia. Y cuando tu palabra desnuda un poco de ti,avanzando en la confianza que nos trabajamos,refresca un amanecer mi sentido de la vida.

Ahora me parece eterno verte perderte desnuda en las aguas de nuestro lago, observar como secas tus cabellos,el mimo con el que lo perfumas, la sonrisa que me dedicas. Ahora me parecen tan bellas tus canciones por la mañana, las brisas al amanecer llenar nuestras paredes abiertas de par en par las ventanas, tus vestidos bailar a su son,perfilando tus secretos,tus manos dibujarme en silencio. Aprender de ti, enseñándote nada de mi y aprendiendo tú de ello.

Preferí en su momento sentirme conquistado por tu sonrisa,velero del mar mas en calma que he contemplado y ahora gozo navegando tan en silencio. Preferí sumergirme en el fondo de tu mirada y ahora buceo sin necesidad de mi aire por los mas bellos arrecifes. Preferí vaciarme a sentirme henchido y ahora me llenas con tu susurro leve.

Contemplo templado las bastas tierras que trabajamos,y me siento un hombre ,feliz. A lo lejos, te veo venir con una cesta de quesos y un cantaro de agua fresca,tu cabello al viento,tu vestido flanear,y tu sonrisa evocadora. Me siento un hombre ,feliz.

Hoy soy yo...

Espero no te moleste
Si en el silencio de mi mismo
Imagino tu voz llamandome
Ocupando las grietas el eco
Tu visceral palabra
Pronunciada firme
Y serenamente escuchada

Espero no te moleste
Si en la ausencia de mi luz
Inunde mi mente tu destello
La fragilidad de tu presencia eterea
El reflejo de tu iluminada piel
Dorados los ocres
Guia en el camino oscuro
Hacia el transito de poder verte.

Espero no te moleste
Si en el poso de mi alma
Cedo la puerta y abierta
Cedo que entres despacio y lenta
Desnuda y el alma desnuda
Cruces del galán de mi alcoba hasta el jardín
Repleto de flores sin olor
Y perfumada tu esencia
Respire ese aroma que te dibuja sencilla
Apoyada en mi almohada.

Hoy soy,es lo que me hace sentirme vivo
Y aunque mañana seré
Y ayer fui
Mañana no me concierne tenerte
Y ayer,teniendote ya,queda atrás,
Asi que es hoy cuando te tengo y vivo.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Perfumada...

No puedo leerte,amigo Mario,
Porque tus versos relatan impresos,
En ciento dos hojas
Que huelen a ella,
Amores y amores
Que son la antesala
De mis sueños furtivos
Y leerte es soñarla
Y soñarla es perderme
Y perdido, tu verso olvido
Cada vez que una página
Con tu relato prendido
Paso,y huele a ella.

No puedo leerte,amigo Mario,
Porque acunas con tu poesia
Sus labios besados
Y yaces en su pecho reposado
Cada vez que tu verso embriaga
Su aliento dorado
Y al leerte a un lado
Tomo conciencia de que he soñado
Como impregna su perfume
Cada foleo marcado.

No puedo leerte,amigo Mario,
Porque aquello narrado me lleva
Por acantilados mojados
Versos y mas versos que hulen a ella
Perfumada su piel en mi almohada
Recuerdos contemplados
De sus labios nacidos
Eternas sus manos
Infinita su piel.

Y sin embargo te leo,amigo Mario,
Haces que vuelen pajaros
En mis relatos prohibidos
Y cada paso que avanzo
Entre tus versos impresos
Mas respiro,mas me alienta,
Deslizada mi mano siempre lenta
En ciento dos hojas
De amores y amores,
El perfume de ella.

martes, 11 de septiembre de 2012

De Silencios...

Si tuviera que resumir, diría que se disiparon las sombras. Por más de un instante, aquella que tanto me perseguía se vió abocada a desaparecer, ahuyentada por los silencios compartidos, válgame, más intensos que las palabras. No pensaba cuando cabalgaba hacia esas tierras, que la compañía que representabais, mi Señora, y el paraiso que recorriamos pudiera ser tan increible, y tan poderoso, que pudiera llenarme el alma de sensaciones tan ricas en esencias y perfumes, con lugares con tanta belleza que a su lado, apenas podia percibir mi propia existencia.

Tuve la suerte de poder descabalgar mi montura y dejarla a su libre albedrio, y caminar junto a vos, por parajes de ensueño. Sentir en mi piel la intensidad de vuestro paso, la delicia del camino andado, la energía de la estela dejada, la fuerza de vuestro esfuerzo por sentiros. Compartir animadas conversaciones y animados descansos de nuestras palabras. El sol de justicia acariciarnos en aquellas playas de arena fina y cálida. El mar abrazarnos entre sus olas de espuma radiante y poderosa. Sentirme tan desnudo como la vida misma, sin la necesidad de ser ni siquiera quien soy, y simplemente abandonarme al sentido de la vida. Y sentirme acompañado siempre.

Pude reir, y pude veros reir conmigo, embriagarme de esos labios que me sonrieron. Pude miraros y ver de nuevo brillar vuestros ojos, anidar el chispazo de esa estrella fugaz que cruza vuestro universo cuando la vida os sonrie con la premurosa felicidad. Y sentirme exultantemente grande. Pude perderme y me perdi, entre el movimiento de vuestros cabellos, y la esencia de vuestros ojos, en el movimiento de vuestras manos, en la paz de vuestros sueños, en el dulce perfume de vuestro cuerpo, imborrable ya. Pude amaros y os amé, por el beneficio de teneros a mi lado, de acompañarme, besaros con los silencios recreados y teneros en mi mente.

Puedo escuchar aun las notas de aquel concierto que nos brindo el mar al bendecirnos con su frescura y su inagotable tesón de energía en un baño inolvidable, la luz de los rayos del ocaso del sol contornear vuestra figura envidiando las caricias de la sal en vuestra piel ,dar paso al solo de vientos que la noche nos regaló en un concierto único al arullo de las olas del mar, el techo de estrellas darnos cobijo para apaciguar nuestras almas, compartiendo las viandas ganadas en el camino.

Puedo aseguraros que me siento tan afortunado de haberle robado al tiempo todo este mundo de instantes que me habeis regalado, que mi felicidad de haberos conocido un poco más es tan inmensa como el recuerdo de vuestro presencia, que alagias mi vida con vuestra dedicación y me siento grande sabiéndome que confiais en mi lealtad. Que me quedo sin palabras para bendecir esta idea lograda, que me quedo sin palabras para aventurar la próxima, que si de mi propia alma dependiera el movimiento del mundo, la habría dado para detenerlo en aquella playa, aquella noche, y habernos bajado de el. Regalaros un sueño, regalarme vuestra sonrisa, fue encontrarle sentido a beberme esos días de vos. Seguis encandilando mi alma y me haceis deseoso de vuestros labios.

Enchido de felicidad, hoy reposo mis huesos en mi lecho, desnudo, sin miedos ni temores...la sombra, tardará en aparecer para intentar doblegarme, pero ahora, tendrá un complicado y fuerte tesón en su contra. Mi voluntad.


El Cumplesueños


Aquella mañana Anais decidió que ya era hora de decirle a su padre a las claras lo que más le apetecía. Reunió todas sus fuerzas, dejó a su muñeca Dolly apoyada en la almohada de su cama y se aliso el vestido. Levantó la frente y con aire majestuoso salió de su cuarto, enfilando el pasillo que la llevaría al salón.

Anais apenas tenia 8 años. De cabellos negro, dos coletas acompasaban sus andares con el mismo ritmo que marcaban sus pequeños brazos, y sus pasos no producían ni eco. Sus ojos marrones de luces anacaradas, grandes, clavados en la luz que desprendía el hogar en el salón y sus labios serenos hacían de ella toda un alarde de decisión e iniciativa.

Ella repasaba su discurso. Sabía que su madre ya no estaba con ella, pues había muerto de una extraña enfermedad hacía algunos años, pero resonaba en su memoria su voz cuando le decía “cuida de papá, él lo necesita”. Anais siempre veía triste a su padre, y durante estos pocos años, había sido siempre su compañera y su amiga, y con su corta edad, siempre procuraba que su padre pudiera esbozar una sonrisa haciendo el payaso o cantándole una canción inventada. El siempre hacía el esfuerzo de compensarla, en ocasiones con poca sinceridad en sus labios, pero ambos daban por bueno el esfuerzo. Pero eso no quitaba para que ella hubiera decidido afrontar esta situación con firmeza, sabiendo que era el momento, que su padre debía entenderlo y darle lo que pedía.

Con entereza, y gesto altivo Anais detuvo su paso justo enfrente del sofá donde su padre leía unas notas, un montón de papeles, que apenas podía controlar entre sus dedos, con las gafas pequeñas cubriéndole los ojos, la chaqueta gris vieja que parecía uniformarle, el lápiz entre los labios. Ella no dijo nada. Se quedo inmóvil hasta que consiguió que la concentración de su padre se volatilizara. Este suspiro profundamente, y mirando al infinito le murmuro:
-         ¿Sí, Anais?.

Anais, como si de un perfecto engranaje se tratara, y sin apenas tomar aliento, espetó de carrerilla:

-         Papá, creo que ya es hora de que te diga que quiero que me lleves a montar a caballo, lo tengo decidido, ya soy mayor, puedo montar, quiero montar, papá, no acepto que me digas que no, tengo 8 años y eso es suficiente, así que quiero montar... a caballo, si... decidido.

Al padre se le cayó el lápiz de entre los labios, y ante la idea de que la cara que en ese momento tenía fuera tan de atónito, hizo un rápido gesto intentando atraparlo con sus manos llenas de papeles y en un momento papeles y lápiz estaban bailando un baile desconcertante y alborotador, sin que las manos fueran capaces de atrapar ni lápiz ni papeles. Desesperado, el padre dejó reposar el instante hasta que todos los papeles hubieran caído al suelo, con gesto cansado. Cuando se disipó la nube de hojas, allí estaba Anais con sus ojos grandes clavados en los de su padre, sujetando con firmeza el lapicero con aire victorioso.

Él sabía que no se podía permitir ese lujo. El trabajo escaseaba. La pena le inundaba y era consciente de que no había levantado cabeza desde que ella faltaba. Y lo que menos podía permitirse era una lujosa clase de equitación. Pero los ojos de Anais seguían incandescentes quemándole los suyos y eso no lo podía soportar. Así que decidió tomarla en sus brazos, acomodarla en su regazo y con esa voz pausada que le caracterizaba la empezó a decir:

-         Anais, mi princesa... pero, eso que tu quieres... no es algo normal... no se pueden querer esas cosas, así como así, porque son especiales... - Anais por supuesto, que le interrumpió.

-         ¿Especiales?. ¿Cómo que especiales?. ¿A qué te refieres con especiales?. Solo es lo que yo quiero, papá.

-         Son especiales, porque no son simples... Anais, se trata de sueños, me estas pidiendo un sueño, que te cumpla un sueño y yo no soy quién cumple los sueños.

-         Pero papá, ¿entonces?... ¿Qué ocurre con mi sueño?. ¿Quién me lo cumple?. ¿Quién va a conseguir que yo monte a caballo, papá?, porque es que yo quiero montar a caballo, lo deseo con todas mis fuerzas, por favor, papá, ya soy mayor, yo, yo...

-         No te preocupes Anais, claro que cumplirás tu sueño, pero para eso, necesitas que un “Cumplesueños” te encuentre... es así de sencillo. cuando te encuentre, te ayudará a cumplir tus sueños.- Los ojos de Anais se hicieron enormes, la luz del viejo hogar brillaba en sus pupilas y susurro delicadamente.- ¿Un Cumplesueños?.


El cerebro del padre empezó a rechinar. Se estaba metiendo en un jardín enorme, pero no quería decirle a su hijita que no podía hacer realidad sus deseos, así que obligo a sus neuronas a ponerse a funcionar a toda máquina y continuó describiéndola:

-         Un Cumplesueños es una persona que es especial. Son como tú, o como yo, grandes y pequeños, rubios o morenos, gordos o flacos. Pero solo hay unos pocos repartidos por todo el mundo, y están atentos para saber cuándo una persona es digna de que pueda cumplir un sueño. Entonces acuden, aparecen y hacen realidad ese deseo.

-         Oh, papá.- Anais estaba encandilada, parecía que la historia había surtido efecto y se la creía, a juzgar por el entusiasmo que desprendía.- Entonces, ¿qué tengo que hacer para que un Cumplesueños piense que merezco mi deseo, papá?. – Anais susurraba ahora cómplice de lo que su padre le contaba, mirando a ambos lados del salón por si alguno de esos Cumplesueños pudieran escucharla.

Su padre le explicó que para que un Cumplesueños pudiera darse cuenta de que ella era la elegida para cumplir el deseo pensado, ella tenía que ser buena persona, intentar que la gente nunca dijera nada malo de su manera de ser, que fuera siempre respetuosa, que ayudara a los mayores, que no se peleara, que cuidara su aseo, ordenara su cuarto y fuera siempre muy paciente, pero que no podía intentar hacer todo esto pensando que lo único que quería era que apareciera el Cumplesueños, porque si no, jamás aparecerían. “Los Cumplesueños solo aparecen cuando la gente que quiere cumplir un sueño es sinceramente buena de corazón,” le aseguró su padre. Anais, de un brinco, salto del regazo de su padre y desprendiendo energía, beso su mejilla y salió corriendo hacia su cuarto gritando “¡voy a ser superbuena, papá!. Él respiro algo intranquilo, recogió todos los papeles, los ordenó, mordió el lapicero y se puso sus viejas gafas. Una mueca en los labios le dio el beneplácito de la historia inventada.



Los primeros días Anais dejaba siempre su cuarto ordenado, sus muñecas perfectamente vestidas y sentadas, la cama hecha y la ropa guardada en el armario. Ayudaba a su papá con las tareas, ponía la mesa y ayudaba a recoger, le brindaba sonrisas inmensas y procuraba siempre contarle su día en el colegio. Siempre iba atenta, con sus grandes ojos marrones, intentando descubrir su Cumplesueños, pero sin que notara que le andaba buscando, para que no la pudieran echar en cara que estaba incumpliendo las normas. Siempre pensaba que no se la notaba. En la escuela se aplicaba, era buena con sus compañeros y la maestra estaba encantada. Pero la pudo la impaciencia. Apenas habían pasado dos meses cuando una noche mientras cenaban le preguntó a su padre si sabía cuánto tardaban en aparecer los Cumplesueños. Es cierto que lo susurro, casi con miedo a que la escucharan, porque ella quería ser buena y cumplir su sueño, pero dos meses, eran muchos días de hacer un montón de cosas bien. “Debiera bastar”, pensaba para si misma. Pero su padre encogió los hombros y la dijo:

-         “ No lo sé, princesa, aparecen cuando aparecen, deben tener mucho trabajo intentando hacer realidad tantos deseos de niñas buenas, se paciente”.

Aquella pequeña conversación se repitió muchas más veces, siempre escueta, corta, lo suficientemente clara para que ambas partes supieran lo que tenían que hacer. Las buenas maneras de Anais se convirtieron en rutina, en la misma manera que la fe que había depositado en el Cumplesueños se desvanecía con la edad, dejando paso a la madurez, y al dejar de creer en los cuentos que una vez le contaba su padre.

De hecho no había vuelto a pensar en ello hasta que un día una llamada de teléfono la despertó. Apenas eran las 5 de la mañana pero al escuchar la voz por el auricular sabía perfectamente que la iban a contar. Su padre había fallecido. Ahora, tres mil kilómetros los separaban. Él, envejeció en el pequeño pueblo que los vio crecer, y las ansias de vivir de Anais, la habían conducido a la gran ciudad. Tomo el primer vuelo posible, con una pequeña mochila y lo imprescindible. No podría quedarse mucho tiempo. El trabajo, su familia, la situación tensa que vivía con su marido, no la permitirían un respiro. De los silencios forjo las lágrimas que le dedicó, cuando lo vio desaparecer para siempre en su humilde ataúd, donde dejo caer una pequeña rosa amarilla. A cambió, ella solo recibió una pequeña caja de latón con las viejas gafas, aquel lapicero mordido y un sobre que contenía unas letras dedicadas:

            - “ Pequeña princesa, tu Cumplesueños sigue buscándote, no te desanimes. Yo, después de todo este tiempo, encontré el mío, y ahora me ha concedido mi deseo, volver a estar con tu madre. Te quiere con amor infinito, tu papá”

El sabor amargo de su pena fue bañado en silencio con sus lágrimas durante todo el trayecto, arrinconada en la butaca del avión.




Los años pasaban. Anais se debatía entre muchos problemas. Su relación con su marido no funcionaba. Bueno, presuponer que podría funcionar era cerrar los ojos a lo evidente. Ella había interiorizado la idea de ser buena, de darse a los demás, de intentar conversar, eludir las discusiones, de ser paciente,  y ya no recordaba exactamente por qué. Por supuesto, la idea del Cumplesueños yacía en el fondo de un cajón encerrada en aquella pequeña caja de latón.  Casi tan distante como los años estupendos vividos donde el amor la cegó para abandonarlo todo, creyéndose participe de una historia preciosa que después de tantos años se había convertido en un naufragio de penas y tristezas, a costa de que la buena voluntad de Anais hubiera sido suficiente para que aquella persona sin desprecio la utilizara en su beneficio, convirtiéndola en una marioneta, trasteando con su vida a su merced, y sin la capacidad de poder avanzar ni saltar de ese precipicio. Hubo peleas, golpes e insultos, días exageradamente tristes, lágrimas, gritos incandescentes que ardían en su interior, solo porque aquella persona se emborrachaba, o aún sin estarlo, porque culpaba de todos sus males a Anais, echándola la culpa de su mala suerte, de la falta de trabajo, de lo poco que ganaba ella en su empleo. La vida no era un camino de rosas, pero tenía la certeza de haberse arañado con todas las espinas de aquellos rosales. Despedirse de su padre la costo años atrás más de un morado.

Y sin embargo, ella seguía intentando dar lo mejor de si misma. E incluso sonreía para calmar los ánimos. Era condescendiente con el momento, desprendida en su tiempo, hacia la casa sin quejarse, tras una dura jornada de trabajo en aquella pestilente fábrica. Tanta bondad la llevaba a equivocarse y a justificar su existencia tan depravada como algo que debiera ser así. Realmente, estaba humillada, y lo peor es que no esperaba poder cambiarlo.

Aquella tarde de otoño, Anais había resuelto sus tareas profesionales con especial premura, y sin darse cuenta, abandonaba la fábrica dos horas antes de lo que debiera. Por su mente cruzó el pensamiento de ser dueña de un tiempo con el que no contaba, el día aun era claro, hacía una temperatura agradable y el parque de Cherrson invitaba a pasear. No se lo pensó mucho más. Sabía que su marido no llegaría hasta al menos 6 horas mas tarde, con lo que se despreocupó de las tareas de la casa y de tener que prepararle una cena caliente que se iba a enfriar. Aseguró su bolso en su hombro, subió la cremallera de su abrigo y empezó a caminar cuesta abajo, escoltada por los chopos que derramaban hojas amarillentas sin cesar.

El parque de Cherrson es una basta extensión de praderas verdes, árboles infinitos que parecen arañar el cielo, estanques de aguas oscuras y aves ruidosas, recorrido por amplias arterias de cemento gris. En esta época del año, las hojas caídas cubren como alfombras los verdes tildando a todo el lugar de un abanico de colores pastel que embriagan la visión, transportándolo al visitante a un verdadero paraíso. Anais había olvidado cuándo fue la última vez que paseo por allí. No recordaba los pinares tan inmenso, ni la plaza con aquella magnifica estatua de los niños jugando, ni el recodo que hacía el riachuelo que alimentaba los estanques y en el que las parejas se daban besos furtivos. Le faltaban los recuerdos de sus largos paseos entre los robles eternos, el color de las moras de la parte oriental, los rayos de sol cruzando las hojas, el susurro del viento acompañándolo, los grandes estanques. Lamentaba fugazmente tener la memoria llena de tantísimos sinsabores para volver a compadecerse de su vida en silencio, enjugando sus lágrimas antes siquiera de que nacieran. Había olvidado la caseta de los barquillos, donde una mujer de edad avanzada seguía vendiendo aquellos dulces con sabor a canela que preparaba al instante, y agasajaba con un chocolate humeante imposible de no ser olfateado a leguas de allí. Al olerlo se estremeció. Y sucumbió a la tentación de gastarse una moneda en disfrutarlo. La anciana no tardo en prepararla el mejor de los chocolates que la brindó con una sonrisa, sus ojillos pequeños pero sinceros. “ ¡Qué momento!”, pensó Anais.

Pero en ese mismo instante en que ella estaba sonriente, sedienta de sorber su triunfo, sin levantar la mirada de la taza y su chocolate, al tratar de girarse, tropezaron sus manos con el cuerpo de un hombre que esperaba su turno. Todo el chocolate se derramó por el abrigo azul que se levantaba justo por delante de su mirada. El grito ahogado de Anais no fue suficiente para aventurar el desastre y el olor del cacao caliente se expandió rápidamente por toda la zona.

-         ¡Lo siento mucho!.- se apresuró a decir Anais, a la vez que destripaba un servilletero con el afán inútil de absorber tanta bebida.

Entre “ops” y “ups “ y algunos “ufff”, los siguientes segundos parecieron los más largos de la vida de Anais. Sus manos la recordaron a la de su padre con todos los papeles entre los dedos, incapaz de conseguir atender la demanda que precisaba, pero cuando esperaba la consabida reprimenda, una cálida mano la agarró una de las muñecas para romper el bucle infinito al que había sucumbido y entonces empezó a escuchar “no pasa nada, no se preocupes, de veras”. Se dio cuenta de que al menos llevaban sonando un buen rato, pero en su afán de remediar el percance, se había desconectado por completo. Levantó su mirada y encontró unos ojos negros pequeños, que la miraban brillantes, y una sonrisa complaciente que acompañaba el movimiento de unos labios que imploraban que parase. Ahora la voz sonaba con claridad, cómoda, tranquila, suave, en un tono muy agradable.

-         No pasa nada, señorita, de veras, esto es un percance sin importancia, además, dicen que los baños con chocolate son muy recomendables. A la salud de mi viejo abrigo le vendrá de perlas, jajajajajaja. .- La sonrisa se convirtió en una risa liviana que acomodaba la torpeza de Anais.
-         A sido sin querer, estaba pensando en el sabor, el olor y no me di cuenta, lo siento muchísimo.
-         No importa, no se preocupe, pero se ha quedado sin chocolate y eso si que es importante, así que déjeme que la invite a uno...

Anais le interrumpió de inmediato con negativas, ella no podía permitir que aquel joven le invitara, después de su torpeza, por supuesto que no, pero agudizó su memoria y recordó que tampoco tenía para un segundo chocolate, pero como si la hubiera leído el pensamiento, los ojos de él se clavaron en los de ella y con firmeza la dijo:

-         Me llamo Martín... y sé que estaba en medio entorpeciéndola, así que insisto... pediré dos chocolates, pero por favor, apártese, que no queremos mas accidentes, ¿verdad?.

Anais sintió como sus mejillas se enrojecían al instante, y el rubor se trasformó en un calor que la subía por la espalda, bajo la mirada y esbozo una ligera sonrisa. Martín pagó a la anciana. Poso delicadamente una taza de chocolate humeante en las manos de Anais y con cierta mirada comprensiva le preguntó si tenía tiempo para un paseo. La facilidad con la que las palabras de Martin sonaron en su cabeza, la sensación de comodidad que le transportaba y el saberse dueña de esas horas libres concluyeron en una leve caída de párpados y un “sí” sutil.

Sin mediar mas palabras, ambos se pusieron a caminar lentamente hacia el lago del Corkn, uno de los más bonitos a esas horas de la tarde, pues los rayos de sol incidían en sus aguas reflejándose en un pequeño palacio de cristal provocando destellos increíbles. El calor de la bebida acompañaba el paso y el sabor iba endulzando el momento. Anais se sentía extraordinariamente feliz, pensaba, con la sola presencia de este desconocido. Se arremolinaban en su mente una y mil posibilidades y por supuesto, una y mil contradicciones que las hacían desaparecer, cómo podía ser que estuviera bien, quién era este tal Martin, qué pasaría si su marido la viera, cuántas veces la golpearía...

En ese devenir entre las tristes sonrisas y las sonrisas aun más tristes, Martín decidió romper el hielo, como si de dos amigos de toda la vida se trataran.

-         Tendrá que disculparme, pero, aun no sé cuál es su nombre...

-         Uf, lo siento, que falta de educación, ni siquiera me acordé de mencionarlo... Me llamo Anais, y por favor, no me trate de usted Martín. Mucho mejor nos hablamos con cordialidad.- Y esbozo una mueca de aprobación en sus labios.


-         Me parece perfecto Anais, seamos cordiales... - También sonrió, a la vez que sus ojos negros se hacían un poco más pequeños. Eran profundos, con un color intenso, limpio. Trasmitían candidez, fuerza y una pizca de tristeza, que Anais no supo muy bien a que podría deberse, solo era como un pequeño destello, a lo que tampoco le dio mucha importancia.

Ambos sintieron la posibilidad de hablarse sin necesidad de mediar muchas más cautelas, y una vez aprobadas las consabidas preguntas de rigor para situarse, se vieron inmersos en una agradable conversación sobre la vida, sobre las gentes de aquella parte del mundo, la sociedad, los valores. Los dos se dieron cuenta de que sus posturas confraternizaban y a la vez, estaban expuestas sin basarse en la realidad que les había tocado vivir, pero ninguno de los dos decidió adentrarse en los pormenores que ocultaban. Estaban cómodos sin saber mas de lo que quedaba atrás y mucho mas interesados en disfrutar de ese espléndido momento.

Habían recorrido buena parte del lago Corkn, dejando que el sol les engatusara con sus figuras irreales y los sonidos los mecieran. Anais no recordaba donde terminaba el camino que seguían. Probablemente, no hubiera ido nunca por el, o de hacerlo, fue hace mucho tiempo. Pero bajando la última de las cuestas empezó a divisar unas grandes casetas de madera, divididas en cuadraditos con unos ventanucos por donde asomaban algunos caballos. Recordó entonces cuanto había deseado montar a caballo, las historias que su padre se inventaba para que ella pudiera estar ocupada y no tener que ceder al deseo que no podía costear. Los valores que le había enseñado con la historia del Cumplesueños, el esfuerzo de tener que decirla que “no” con esa sutileza y el destrozo que le supondría a su papá no poder concederle ese deseo. En el momento justo en que una lágrima iba a resbalar por su mejilla, se dio cuenta de que estaban a la entrada de las cuadras, y que Martín la miraba entusiasmado, con una sonrisa en sus labios y antes de que Anais pudiera decir nada, la dijo:

-         De pequeño montaba a caballo, así mis padres me entretenían y la verdad es que funcionaba. Es algo que debería probar todo el mundo.- Sus ojos se llenaron de luz y Anais se embriagaba con ellos.- ¿ Quieres que demos una vuelta?, la preguntó.

Anais se quedó de piedra. Su sueño de niña estaba frente a ella. El deseo de su niñez podría cumplirse. Su cabeza empezó a deambular por las historias, los momentos vividos, la de veces que había creído que los Cumplesueños no existían, la de ocasiones en que siendo algo mas mayor empezó a darse por vencida, a ver que su padre la había mentido con esa historia, una historia de niñas, para no tener que decirla que no, y sin embargo ahora, los ojos se le emocionaban, le temblaban los labios, “tengo un Cumplesueños delante de mí, no, no, tengo mi Cumplesueños, papá tenía razón, existen, y Martín es el mío, ha venido a cumplir mi deseo”.

Anais era incapaz de articular palabra, así que miró con emoción a los ojos de Martin. Sus pupilas se encontraron. Se dilataron. La sinceridad reinaba en esa mirada y Anais esbozo la sonrisa más inmensa y maravillosa que podía dedicar. Aquella sonrisa nació del mismo corazón de Anais, que latía con fuerza y constante, con ansia del momento que vivía, del aliento de la vida que ahora mismo sentía, de la ternura de sus gestos, del ahínco de mantenerse fuerte en cada una de las tormentas vividas, de la recompensa del esfuerzo invertido en mantener su bondad, incluso de la fatiga de los golpes recibidos y el perdón mil veces emitido. Aquella sonrisa eran miles de reflejos del sol, eran los recuerdos de su padre, de su dedicación, del esfuerzo de criarla solo, era su vida, su entrega, cada una de sus bondades, era única, eterna en el momento, bella, poderosa.

De repente, se dio cuenta de que de los ojos de Martin caían enormes lágrimas que se deslizaban por sus mejillas blancas. Se quedó atónita, ¿por qué lloraría él?. Estaba claro que ella estaba muy emocionada, toda una vida de espera, pero le pareció que aun así, Martin apenas la conocía y aunque fuera muy sensible y la viera así de emocionada, era demasiado que él se pusiera a llorar de esa manera. Parecía tan asombrosamente feliz, como ella, y parecía que sus lágrimas también daban esa sensación. Justo en el momento en que consiguió retener aire en sus pulmones para preguntarle y antes de emitir sonido alguno, Martin la tomó las manos y mirándola fijamente, la susurro:

-         Eres mi Cumplesueños, ¿verdad?. Gracias por dedicarme esa sonrisa tan sincera y que tanto soñé cuando era niño, y que mis padres no pudieron regalarme nunca


En  la primavera de 1942,el 23 de abril, Martin cumplió 8 años. Él y sus padres estaban prisioneros en el campo de concentración de Buchenwald., Alemania. Ese mismo día, el pequeño Martin le pidió a su padre una sonrisa verdadera como regalo de cumpleaños, incapaz de encontrar ninguna entre tanta tristeza. Su padre ,agonizando, le narró la historia del “Cumplesueños” .Y falleció.


sábado, 1 de septiembre de 2012

Ahora te hablo a ti...

Hoy no hay sombras,ni caballeros ni princesas,ni castillos ni fortalezas...hoy te escribo a ti, que me lees,única testigo de este camino en secreto donde sangrar las heridas pero también ,refugio de las virtudes de mi vida.

Hoy te escribo a ti,que me lees,porque tengo prendia la retina del brillo de tu tus ojos,porque anacarados aun los siento vivos ,fijos en los mios,condescendientes y respetuosos con la henchida pizca de felicidad abstraida,que llena lagos de un agua dulce y cristalina donde bien mi mente se deja engatusar y gozar.

Hoy te escribo a ti,que me lees,porque tengo el sabor de tu boca en mis labios,el sabor de tus labios en mi boca,porque siento que respiro el aliento de tu entrega,aquel que me sustenta en la idea de que bien merece la pena respirar,y respirar,porque la savia que bebo con el rio de tu lengua es el camino a la dulzura,y el salto a la locura.

Hoy te escribo a ti,que me lees,porque aun huele a ti mi almohada,cedida en el descanso tras la batalla,en secreto,por no mover tu cuerpo de bella escultura del paraje donde yacen mis huesos cuando repaso el diario de lo que vivo contigo.

Hoy,te escribo a ti,que me lees,por entregarme el testigo de la inmensa confianza depositada,por no temer conmigo ni de mis manos,por dar el fragil paso de ser la primera en aventurar lo desconocido y elegirme como guia para ese camino. Por creer que puedo,por confiar en que podria y por disfrutar del poder hacerlo.

Hoy te escribo a ti,que me lees,por seguir cediendome tu terreno,por ayudarme en la tesitura de la vida con tu ejemplo vivo y vivido,por creer en mi,por pensar en mi palabra como válida,por regalarme tus lágrimas como parte de tu sonrisa,por sonreirme entre lagrimas, por compartir tus miedos,por entender los mios,por hacer el esfuerzo de comprenderme,por escucharme siempre tan en silencio y estar ahi,constante,perenne,sacando fuerzas de flaqueza para no diezmar el pudor de mi duda y presentarme tus razones.

Hoy,te escribo a ti que me lees,con la calma discreta de no saberme leido,con el beneplacito complice de que me leeras,seguro de que eres un mundo rico en bellezas,con sus tormentas y sus dias de sol, alguien que acrecienta mi capacidad de ser,de no esperar y recibir la vida misma,de sinceramente sentirte verdad,fe...

Hoy te escribo a ti,que me lees,porque formas parte del libro que escribo,del que solo habrá un ejemplar y un autor,y del que muchos de sus capitulos no serian imaginables en mi mente si no fuera porque espero siempre que me leas en el solsticio de tu mirada y el verano de tu sonrisa.

Inmenso el mar de tus ojos tapados...

Desperte en la balsa que suponia estar en mitad del mar,de la misma realidad convertida en nada y a la vez en todo,asomado a la baranda del barco que me llevaba,en mitad de la noche oscura. Las olas meciéndome sucumbian al baile de las luces de otros barcos lejanos,que aparecian y desaparecian tildando de chispas ese instante. La paz era inmensa,la comodidad total,la refrescante brisa de no tener que pensar en nada me envolvía,me dejaba actuar. Mi pulso nervioso de la grandiosidad,de la misma sencillez. La piel calida. El aliento dulce. Tu cuerpo a mi merced y la confianza entregada,bagaje enorme de la palabra expresada. Tus ojos mirándome como no lo hicieron nunca,cegados de la dicha de ver,aun mas me miraban. Mis manos pausadas,deslizando el momento. Inmensa la isla encontrada en el mundo bañada por este mar que ahora se agita. Lucha de titanes consentida,amarre de barcos de historias de pesacadores locos afanados en encontrar el canto de sirenas y no caer en las redes de la misma presa sirena.

Loca queda mi vida cuando la primera ola baña la cubierta de mi velero,su sabor salado aplacando mi sed,su olor marinero inundando mis sentidos...loca cuando su frio acaricia mi cuerpo vencido,loca cuando la bebo, arqueada su forma,con su bramido exalado. Loca cuando mas olas azotan el casco de mis sentidos, loca cuando aprietan mis manos,esperando la mas grande de ellas venir gloriosa a hundirme en ella. Convertirme en uno siendo dos,ser parte del mar sin pensarlo,dejarse llevar sin importar hacia donde, mirar fijamente esas estrellas brillar y reflejarse en ellas. Ceder la vida al deseo de haberla vivido en el momento vivo de compartir el aire respirado.

Calmado de nuevo el mar,volver a ver las luces de los otros barcos,aparecer y desaparecer brillando la noche,guiando el camino. Haber encontrado una isla donde naufragar llena de mar y estrellas.