Eres la primera palabra
la que acude rápida a la mente divagante
leída siempre con esmero, esfuerzo certero,
ni aguda ni esdrújula, llana tampoco,
de sonido rítmico y métrica sencilla,
pronunciada no pierde valor
escuchada suena mejor.
Eres la primera palabra ,
la que empieza mi oración,
la que afirma con rotundidad
delimitando la exposición de lo acontecido,
negación igual de rotunda,
acotado el vástago del respeto,
firmeza infinita aun amaneciendo en los labios
que con delicadeza la pronuncian.
Eres la primera palabra,
aquella que describe melancólica,
lo vivido por vivir,
la que entusiasma las ganas
y engalana mil razones,
para ser oida mil veces repetida,
con su sonido diferente
eco del resto de lo escuchado,
abanderada de tu propuesta.
Eres la primera palabra,
la que me enaltece si la escribo,
tantas veces deletreada entre mis sueños,
aquella que me libra de los llantos
y me da las penas y alegrías.
La unión de tan pocas y tantas letras,
algunas veces más, otras parecen menos,
pero siempre constante, dicreta, eterna en la retina
de la mirada que la contempla.
Eres la primera palabra,
hechizada en mil conjunros de meigas ciegas
de latidos intensos de tu garra felina,
la premura de mi caricia y la envidia de mis manos,
el resto de lo narrado escrito en silencio,
perdido entre los llantos de los que no osan escucharla,
el perdón comunicado,
la ira contenida,
la fortaleza de la misma vida.
Eres la primera palabra,
la que comienza mi historia
cada mañana descubierta,
la que acompaña mis andares,
nombrada siempre a mi vera,
la que me pinta ese cielo de azules,
o enegrece en la tormenta,
la que me da cabida y refugio,
la que siempre se escapa
en el precipicio de mis sueños.
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