No queria mirar. Pero allí estaba mirando tras la ventana. No me escondía,es cierto. Estaba en el centro del ventanal observando la escena. Pero no había sido mi intención ser testigo de la misma. Me sorprendió al pasar y me quedé petrificado.
No podía escuchar nada,tampoco era necesario. La imagen hablaba por si sola. Tu frente a él. Él frente a ti. Tus manos entrelazadas, su rostro sereno, las lágrimas resbalando por tus mejillas brillando como fugaces estrellas. Su gesto rápido y su verónica con la capa cuando decidió marcharse. Tu llanto estallar.
Quede consternado. No debiera haber mirado,pero no podía apartar mis ojos de ti. Quería absorver tu dolor,librarte de esa carga aun sin saber razones,solo por aliviar tu pena. Mis manos se cerraron en puños,no de rabia,sino de impotencia,de maldecir por verte vivir lo triste de la vida y tener que luchar conmigo mismo ante la tesitura de que eres vida y debes vivir.
Pero no me atormentaba más aquella sensación de no poder hacer nada, que la certeza de ser consciente de que no podía confesar mi delito.¿Cómo iba a postrarme delante de ti y decirte de corazón que lo sentía,que podías contar conmigo?. Se que te sentirías ultrajada y violenta,que se quebraría nuestra confianza, por mucho que yo quisiera explicarme, no querrías atender a mis razonamientos. Podría abordar con decisión tu ira y conseguir aplacarla,pero el tiempo invertido y tu situacion del momento me obligaría a disimular.
Lo que más me preocupa es cómo afrontaré tu mirada. Porque vas a abrir esa puerta y vas a mirarme y en tus ojos voy a encontrar un mar oscuro de tristeza, y en el timbre de tu voz,la fatalidad se va a filtrar entre las palabras y los susurros. Podría entonces preguntar,sin mas,como si no pasara nada más de lo que pasa normalmente, y esperar a que tú decidieras confiarme tu pesar,pero los dos sabemos que nos cuesta,siempre nos cuesta y aunque eso fortalece la confianza depositada, al final es tiempo que no apaga las llamas mientras se avivan.
Temo también del silencio, de que el momento no sea el oportuno y caigamos en la serenidad de no decirnos nada,respetar tu espacio, tu necesidad, prescindir de las ganas de abrazarte y decirte que no pasa nada. Me tortura no serte útil cuando lo necesitas, y tener la frivolidad de pensar que me necesitas.
Vuelvo a estar en la ventana, recobrando la conciencia del momento. Mis ensoñaciones desaparecen paulatinamente dejando que se filtren los haces de luz que entran por los cristales. Fijo mi mirada en el jardín. Allí ya no estás. Oigo tus pasos tras de mi. Respiro hondo...huele a ti. Tu mano pausada sobre mi hombro,la noto cálida. Tu voz suena suave,cuando me susurras "tengo que contarte...",y todos mis temores se evaporan densos y creo en lo que construimos juntos.
Y te escucho en silencio...
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