sábado, 29 de abril de 2017

Empezar de cero...

Empezar de cero. Si. Volver a ese punto en donde se fraccionaron los segundos y las historias tomaron distintas direcciones, justo aquellas que me han llevado a donde estoy ahora y no quiero estar. Tomar el pulso al destino, mirar a los ojos al tiempo y romper la monotonía de un final que no pretendo, ni por asomo, que sea la conclusión de la historia que me toca escribir. Empezar de cero, con todo aquello que acudía a mi mente cuando la vida no era más que tiempo, una inmensidad que no sabía comprender, que no suponía absolutamente nada en el devenir de mi mente. Solo tiempo. Empezar de cero, a construir el mañana que quiero. Empezar de cero, a sentir como deseo, empezar de cero a ser como quiero ser. Y encontrarte. Y encontrarme. En el cero absoluto. Y desde allí empezar de cero.

Y que las aventuras nos sucedan ,antes de vernos, y después de despedirnos, que no cesen de ocurrir los hechos que nos hagan personas, que subamos a cumbres heladas de deseos que perduren en el tiempo que no se nos agota, de cascadas increíbles y desiertos etéreos, de vida, de ganas de vivir y de vivirla. De hacer el bien, de compartir el bien, de sonreír, de llorar, de vivir...de llegar al último aliento con la sonrisa en la cara, la satisfacción en el alma, las historias en las cicatrices de nuestra piel. Empezar de cero, otra vez, allá donde nos toque, perseguir a galope los sueños con la inocencia de un niño, defender los príncipes torpes que caen rendidos a sartenazos por princesas de cabello alborotados, las canciones que nos hacen vibrar, las marionetas que nos embarcan en cuentos de verdades absolutas y bocas abiertas, en las noches de farolas tibias ahuyentando monstruos de debajo de la cama. Empezar de cero. Empezar de cero. ¡Vivir!


domingo, 23 de abril de 2017

San Jorge, San Jordi....

Hoy es el día en el que las historias de caballeros tornan a las memorias de quienes les dieron la vida en cada una de las páginas que narran sus hazañas, el día en el que la muestra de afecto más sencilla recorre miradas y abrazos, besos y sonrisas cómplices todas ellas de un sentimiento en común que se comparte, se disfruta y se revive siempre en agradable comunidad, de uno, de dos o de cientos de ellos. Hoy se regalan sin intenciones más allá de las intenciones, libros de aventuras, de terror, de humor, de sonrisas y de lágrimas, pero libros, letras, cuentos que cuentan rodeados de rosas, rojas, que tildan el color de las aventuras que se prestan para ser compartidas. Hoy se busca a esa persona especial que camina distraída buscando a su persona especial por las calles arteriales de la ciudad romántica, con un libro y una rosa al encuentro de lo que será el momento del día, del Día de San Jordi, o San Jorge, o el Día en el que te regalo una historia y el principio de otra, o la posibilidad de un final feliz y el final de otro. Hoy las calles tienen un olor que se impregna en la memoria de quienes respiran henchidos de felicidad la festividad de una historia de dragones que cayeron a manos de caballeros, a quienes esperaban princesas sin igual, y quienes ayudaron a florecer primaveras de ensueño. A todos ellos, a los grandes por volver a ser pequeños y a los pequeños por no preocuparse de crecer, a los titiriteros con sus marionetas, y a los mimos por sus mudas acciones, a quienes cuidaron de que las rosas crecieran, a los que recuperaron aquella historia que no debía perderse, y la guardaron en papel, a los que se encuentran hoy con la excusa de atreverse, porque son tímidos, y a los que valientes hace tiempo que eligieron, a todos sin excepción de los que recorren el mundo deseando ser caballeros y regalar su historia con su rosa, o damas presurosas a la espera del retorno, o por encima, a las que lucharon contra el dragón para erigirse como ellas, mi más sentida felicitación en el Día de San Jorge, o de San Jordi, de uno que narra, que aprecia las historias de caballeros y princesas, siempre soñando con la rosa que para mi es especial. 

Y en la generalidad de esta particularidad, a ti, de la que desconozco si te regalaron libro y rosa hoy, si fueron varios, o uno especial, por ser como dicen que eres, si hubiera estado cerca de ti, me hubiera encantado, una rosa, rosa, por supuesto pero el libro, quizás, con sus hojas en blanco, para que empezaras de nuevo a escribir una historia digna de ser mencionada en esta grandiosa festividad, y poder, poco a poco recordarla con unas sonrisas, esas miradas y el pasar de más historias como el principio de una de las que merece la pena.