No hace falta que sean palabras
ni siquiera sonrisas o miradas
no es la cercanía ni la distancia
ni las caricias, ni los abrazos
hay dos almas que cruzan siempre juntas
el laberinto de la vida
por mucho que la brisa torne huracán
aun cuando llueve y hace frío
o pesa el calor del verano perdido
almas que nacieron de las gotas de un rocio
al compartir amaneceres
que no separan las tormentas
ni la duda incierta, ni la verdad cruda
dos almas que comparten
pasado, presente y futuro
en el orden que necesiten para creer
que juntas jamás estarán solas
ni a oscuras en la noche aciaga
ni en el miedo del abismo
almas que respiran el mismo aliento
que da la vida a la vida
que beben de un río de agua clara
que solo se encuentra cuando se aman
dos estrellas que no se apagan
viajando entre los astros que ceden
su espacio a la nada
dos héroes que sin poderes
atesoran la fuerza de un ciclón
de las risas que se concedieron
la complicidad de mirarse
y ver el paraíso
dos seres que prenden su luz
del abrazo fraterno.
No hace falta que te diga
que sin palabras me entiendes.
no hace falta que sonrías
que con tu risa vivimos hoy
jamás tu estarás sola mientras yo
jamás estaré solo mientras tú
nunca jamás
ínfima queda la eternidad al lado
del tiempo que nos hemos prometido
en cada hálito de aliento
en el reflejo de la lágrima
en la tibieza de la impronta decidida
respira henchida de orgullo
porque es tu vida lo que defiendes
en cada tropiezo y acierto
y grita
que de rabia y odio también crece el fuego
que atesora lo que tenemos
y cede el pulso al descanso
donde allí estaremos de nuevo
riendo y mirando
cada una de las huellas que en el camino
hemos pintado para aprender
a vivir separados, la vida juntos
juntos y jamás, nunca jamás,
solos...
A mi mayor tesoro, Cristina.
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