sábado, 28 de marzo de 2015

Despedíreme...

Todo camino tiene un final
toda recta una curva después
una subida, su bajada
por más que pretenda ignorarlo
siempre está ahí,
el momento complicado, decisivo
en el que se apaga la luz
se recogen los muebles
y se cierra la puerta.

A veces se tarda más en llegar
otras, apenas un instante,
el tiempo es lo de menos
cuando la huella que se deja es imborrable.
Duelen las despedidas
cuando no son la promesa de un reencuentro
pero prolongar la agonía de un silencio vejado
solo rompe el alma y acaba encerrándolo en soledad.

A cada paso dado en este camino
le corresponde un pedazo de mi ser
y una caricia de tu esencia,
el halo de tu respiración en mi aliento
y los deseos de soñar antes incluso de dormirme,
necesité de ti y me diste a pedazos ganas de vivir
y ahora que te busco no puedo encontrarte,
aquella bruma pintada en el espejo de la confianza
quebró los raíles del tren que compartíamos,
pero el mundo sigue girando y tú has de marchar
a buscar otro horizonte donde poder contemplar
el destino pintado de azul y de sol.

No te quepa duda alguna
que no habrá libro que ilustre la rareza desbocada de mi sinrazón,
que pedirte fue demás y egoísta
y que no tienes culpa del tropiezo que el destino
te quiso vender como acierto,
que ojalá hubiera tenido el valor de ser mejor
y haberme ganado el tesoro de tu corazón,
disculpa las heridas que en tu mente,
provocaron mis disputas
y no me tengas rencor,
pues solo fui una buena persona
buscando en ti el coraje para escribir
lo que mi alma sueña y no puede vivir.

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