No me digas que no puede ser
que nosotros dos no tenemos derecho a contemplar
aquellas puestas de sol donde todo puede suceder
esos cielos donde pintar
sea solo cuestión de querer ambos soñar
con vivir la vida, vivirla juntos los dos.
Dime que no es verdad
que entre tantas miradas se puede perder
la senda que conduce a la cima,
dime que no hay manera
de que la música que adorna este rincón
cese algún día y nos perdamos
el ocaso que merece
las ganas de besarnos que tenemos.
No me digas que no puede ser
no me mires al alma y me digas que aquello se disipó
como una niebla entre los arboles
de un verde bosque,
al acecho de un amanecer del que no queríamos despertar
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