- Y tú, ¿vives?
Él la miro con tibieza, conteniendo un suspiro, ahogando ese aire que le enganchaba a la vida.
- La verdad es que no. Aliento al que se esfuerza, recompenso con fuerzas a quien lo intenta, procuro hacer reír al triste, escucho los problemas de los demás, buscamos soluciones a ellos, doy consejos. Incluso, hago ver que me ilusionan algunos aspectos de la vida que llevo, como el arte o la literatura, la música. Pero hace tiempo que morí. Y simplemente camino muerto en vida entre los vivos que aún no se creen muertos. Pero no tengo aquello que te hace vivir. No tengo esa fuerza de la locura por volverla a ver, el deseo de su abrazo, la compañía de su palabra, su sonrisa, su risa,el regazo de su pecho, sus ganas de jugar, su sexo,su placer, su estar viva. Camino entre los diablos de los errores que me acechan como el ángel varado pensando que ella llegará y como si nada, resucitará en mi el esfuerzo por vivir, y me hará estar vivo.
- Y ella, ¿quién es?
Y antes de que él le contestara, sus ojos le delataron. Y ella murió también, para resurgir juntos y vivos con el amor que se habían prohibido toda la vida.
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