Ahora que mis naves son abordadas
por las ordas de los miedos
comandados por fantasmas que no existen
combatiendo a sangre contra mis soldados
que ni su valor es moneda de cambio
retenidos en las celdas del castigo
repletos de silencio y pena,
ahora que la distancia hasta el olvido
se ha convertido en el hastío de mi suspiro
donde no llegan mis promesas ni los rescates
que ofrezco por mi mísera alma
también condenada,
ahora que solo entre las ruinas de lo que queda
del saqueo de aquellos que subieron a bordo
con espadas de tropiezos
y cañonazos de errores,
ahora que no hay tesoros ni mapas que los alberguen
apago la vela que me ilumina
porque no me da luz,
así como el silencio no me da la quietud
lo obligado se dispersa y arrasa
y yo ya no me mantengo en pie
a la espera de ser herido
por aquel de los lacayos
que pretenden mi reino.
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