Me gustas justo en el instante que compartes conmigo, apenas cinco segundos, quizás no llegue ni a cuatro, cuando pasas frente a mi, un segundo,en el momento en que la coincidencia nos brinda este portal de conexión, amparado en el destino, caminas, dos segundos , envuelta en tus cosas, y me miras, tres segundos y te miro, y el mar de tus ojos inunda mi puerto, y me quedo varado, con mi barca quieta y los remos imposibles de bogar, y tímidamente me saludas, cuatro segundos , y ante la belleza que contemplo te devuelvo un saludo estúpido y te pierdes en la mañana, en tu historia, sin que nada más nos conecte, cuando cizalla el tiempo el quinto de los segundos, o quizás solo fueron cuatro.
Y después nada más que sueños. Jamás pasarán de esos segundos por mucho que desespere en intentar estirarlos para convertirlos en horas. Dos mundos que se cruzan en un parpadeo cuando dos de sus luces coinciden sin pensarlo. Dos vías de tren paralelas. No se nada de ti. No sabes nada de mi. Seguramente, a los ojos de los demás, ni siquiera pase el tiempo, ni haya mar ni barca que navegar.
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