jueves, 9 de abril de 2020

Arrogante...

No brota la rabia contenida
sumisa del silencio
que la tiene distraída
entre venas y latidos.

Mi cama se queja
del sonido de los huesos
de los cuerpos que almacena
sueños en sus huecos.

Recovecos llenos de miedo
que se escapan cada día
con la falsa seguridad
que en los grises de la lluvia
otorga el abrigo.

Maldigo el ayer
cada vez que es hoy
y me quema el terror del mañana
que aparece en el espejo
con el vaho de la ducha fría
que no reconforta mis actos.

Apenadas mis manos
que me ahogan en el agua que negra
tiñe solo mis recuerdos
de botellas vacías y polvos blancos.

Lástima no siento
no tengo remedio
ni quien otorgue
perdón a mi diablo
que soy yo mismo y al que expío
para garantizarme un descanso breve
en el fuego de lo eterno.

Toma conciencia mi rabia
cuando se agota el aire
que envenena mis pulmones
y no miro al suelo
para dar los pasos certeros
que me alejen de mis huellas.

No habrá eco tras los silencios
ni lloros tras los ojos
ni siquiera maldiciones
por dejar vacío
el tarro de mis desvelos.

Que me venga a buscar el diablo
que me lleve preso
llave llevo para liberar las cadenas
y arrogancia para terciar las calderas
Ojalá tuviera miedo
aunque muerto escasea el valor
pudo la rabia del no poder
contener la vida prestada.

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