martes, 15 de octubre de 2024

Atajo frío...

 

Atajo el frio con decisión yerma
dejando escapar entre mis dedos mis miedos
que se hacen tela de araña entre el vacío y el abismo
y pretendo saltar sin atisbo
de dudas ni certezas
como si alguna vez hubiera merecido el impulso
agarrado a la sombra que me cobija
sobre todo a oscuras, a la mano que mece
perezosa en su huida
la navaja del silencio que produce el eco.
Pretendo no entablar discusión con mis otros
pero me miran recelosos
como si creyeran que trato de ocultar
poderes místicos, verdades incómodas
que me elevan como entropía disociada
al reino de los huesos.
Más frío, más temo,
brillan menos los ojos cerrados
y ocultan más ira
rezuman palabras densas que rebosan la gota
del vaso quebrado del susto
esperan ansiosos el descuido
la garra abierta, la rama muerta, el primer último
mientras yo no me suelto
del abrazo que me encarcela
con mi discordancia cromática escondida
fatigosa y lastimera
latiendo por caridad
recelosa de la vida que se maldice viva.
Y el puto tiempo discurriendo
inagotable
por los poros oscuros de mi saco
por cada una de las veces que va
deja mísero recuerdo ingobernable
que me apesta el siguiente ir.
Siempre es tarde para saltar
y así me libero
siembro prontitud para seguir varado
el primero de los míos en el borde
de la oscura entrada hacia el averno

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