Quiero escribir pero no se que decir.
Después de tanto tiempo
de tanto silencio y llanto
no hay palabras navegando
en el mar mojado que seco brota
de la miel de mis ojos.
Ya lo sabes tú,
que yo no se llorar
con las lágrimas que funden
las mejillas rosadas.
Quiero escribir,
te juro que quiero,
pero no me doy cuenta
de que ya no estás
ni para guiar las tildes en mis acentos
ni para separar la brisa en los vientos
que emborronan mis letras
mojando la tinta sin el regalo de tu sonrisa,
y entre tanto,
el echarte de menos arde
como incendios en el alma
que disimulo con frases que robo
a escondidas de día, corriendo en las noches,
a los que son capaces de vivir
y dejar eterna la canción
en el recuerdo de la historia
vivida, o soñada,
y las engaño como a los niños
con caramelos de fantasía,
para que ocupen ilusas
versos que nacen prosa
y pinten las hojas en blanco
que son mi hoy, ahora.
Quiero escribir...
te juro que quiero escribir,
pero solo emborracho mi mundo
con la nostalgia de los secretos,
que nunca callabas
Aunque tu no lo sepas,
y la melancolía de aquel El sitio,
el que era De mi recreo,
y me quedo callado
parado,
estúpido en mi cama,
esperando a que vuelvas,
a que entres sin permiso
siempre cómoda en el latido vacío
mirándome con ternura
entendiendo mi frío,
dispuesta a mojar de savia la pluma
y prenderme de fuego hasta que muera
esparciendo las cenizas
que deje cansada mi mano
en el sueño de tu abrazo
al final del hogar que es
el punto seguido y volver
a rizar el verbo del sueño
la fe en la historia,
volver a volar más alto,
más alto,
regresar a aquel lugar repleto de paz,
allí donde solíamos gritar y entonces...
dejarme llevar hasta vaciar
tu beso en mi verso.
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