sábado, 4 de abril de 2020

Vuelvo a casa...

Vuelvo a casa
herido de la muerte que me persigue
pendiente del paso de la vida que se aleja
entre los necios que siguen disparando
balas de infiernos quebrados
y santos que pálidos
cubren de betún las heridas de los que respiran,
no se qué aire que no sea el hedor,
no se qué aliento que no sea el fervor,
del llanto falso que es el himno
de los valientes que fueron cobardes,
que como yo vuelven,
a la casa que no los recuerda como quienes
sino como aquellos
ahora de ojos hundidos en cuencas de acero
negras las ojeras de perderse sueños,
y años, y vidas,
cumpliendo preceptos que fueron órdenes
de los que no lucharon, solo mandaron
en despachos robados
al calor de la gente que son el pueblo
de los padres que fueron hijos
de los hijos que no verán a sus nietos
porque se les ha confiscado la deuda
entre sables y bayonetas de rojo teñidas
hoy azules de verde esperanza
entre blancos y aplausos,
vítores que falsos resuenan en calles de cartón
de colores que no existen en las almas
de los que la muerte perdonó la vida
para morir viviendo.

Vuelvo a casa
a paredes encaladas del pesar de los otros
de los jardines estériles para la patria perdida
henchida del orgullo de dar más frutos
que juntos todos los huertos del mundo
con las manos manchadas de la sangre de otros
que quisieron pintar sus rostros con la mía
convencido del avance por la gloria
que no existía en mis adentros
con la carga del peón adoctrinado
en el tablero impuesto,
con las pesadillas como conciencia
los sueños perdidos en la partida
apostados para ser héroes
de historias que contadas no saben a nada
si las narras en la hoguera en la que todo se quema.

Vuelvo a casa
cansado,
de intentar contentar a aquellos
que no les importa la nada
en el todo que es cada latido
del corazón que se expone perdido
al miedo entre las venas que lo llenan
para encontrarme con unos que ahora son otros
que fueron aquellos que son iguales
a los que por mas que miro no encuentro
parecido con el enemigo,
aparcada la rabia de la doctrina
y la ira del demonio
que recorre los campos de batalla
riéndose a carcajadas de los que no sabemos
que matar para no morir es lo mismo
para los que hacen las cuentas
sumando los que quedamos en pie, vivos,
para morirnos después de haber matado.

Vuelvo a casa,
vuelvo,
con la esperanza de encontrarme a alguien
que en mi silencio comprenda
las historias de mis adentros
rotos de seguir los pasos
de la gente que no camina,
alguien que vea en mis ojos
la mirada del que teme no entender,
alguien que sea vuelo entre las alas
de los que dejan huellas en el suelo
que camine sin volver a pisarlas
que sea mi grito en mi voz arrasada
que no tiemble al cruzarse
con mi asesina confesa
y alta llegue su voz y potente su eco
entre las montañas que son el mundo
y me señale como testigo
de los hechos acontecidos
por todos y cada uno
con la fuerza de la vida entre sus manos
en el juicio que presiden todos los dioses
y grite
"basta,
basta ya de que nos sobren
las ganas de vivir
para que vosotros nos hagáis morir por ellas"
y con el mazo de la historia juzguen
como sentencia inamovible
de la causa juzgada,
"Es ley, de ahora en adelante
para los que atrás aún viven
que queda prohibido no volver
cuando has partido
en el viaje de la vida no elegido;
queda dictado y es ley
que cada uno de los pasos
serán hogar de cobijo y gozo
el aliento del sendero sed en los ríos
y paz para aquellos que la aguardaron
escondidos en sus miedos
de ser humanos y en sus lloros
las plegarías
y en sus gritos
los rezos,
todos y cada uno de los días que antes fueron
y son ahora,
de nuevo, el camino que tomen los pies cansados
de los que en su pesar llevan a rastras la carga
de haber marchado sin querer
y puedan volver para no separarse jamás
de las raíces que son su hogar"


1 comentario:

  1. Muy profundo. Me encanta la frase : queda prohibido no volver
    cuando has partido
    en el viaje de la vida no elegido... Bravo!!! 👏👏👏

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