No hay gloria en la batalla ganada
si la victoria es dolorosa
si implica dudas
si no supone ganar
la esencia de tu sonrisa
De nada valdría
conquistar tu boca
si las lágrimas derramadas
no fueran de infinito placer
De que poco la caricia furtiva
entre los escalones construidos
de la escalera que me lleva
al fondo de tu mirada.
Temeroso el botín
de saberte mía
cerrado el tesoro aprendido
con la razón férrea de querer no querer
Agitados quedan los caballos
de mi desatado Ejército de pasión
más henchido de orgullo
queda mi estandarte en tu piel
envenenada de mi.
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