De improviso el cielo,
detrás, queda siempre la tierra pisada,
el camino andado,
atrás el arbol caido
y entre el silencio de tu mirada
siempre el beso del horizonte y el mar.
Nada es lo que soñamos,
nada lo que siempre quisimos,
tanto pintado en acuarelas
borradas por las lluvias
que de lo que fuimos a lo que hoy somos
no queda sombra, nada.
Pensaste en unir palabras
y al final cosiste con tus sueños
la velada del silencio
en la que nos miramos, y perdidos,
no quisimos encontrarnos.
Maldita aquella canción
que me recuerda a ti
y a mi.
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