Se me escurren los sueños entre los dedos
rígidos de no moverlos por si se quiebran
cada vez que me drogo con una sobredosis
de canciones que cuentan historias que no me pasan,
lugares que no visitaré,
vidas que no viviré,
y entre tanto quedo sentado
en el bordillo donde de joven soñaba ser
viendo pasar a la gente que disfruta de su tiempo
dando pasos y sonriendo,
y ni siquiera puedo llorar.
Me cuento a mi mismo borracho
promesas que no se cumplir, cuentos que no se escribir,
conformándome con entender que sé que está ahí
el pestillo, la puerta y el adiós definitivo,
pero no lo alcanzo por miedo a no saber después encender la luz
y a oscuras no quiero quedarme si no es para no volver.
Pasan mis horas mendigando piedad cuando están condenadas
a morir lentamente en el vacío de no contar para nada,
para nadie que sea para mi nada,
para mi que no soy nada ,
bastarda la realidad que convive con mi yo real
imaginada solo para incendiar la fábrica de trapo
volver a crear sueños que volverán a caerse a mis pies
salpicando con sus fantasmas mis zapatos rotos.
Me da lo mismo que seas tú, o ella,
porque soy yo el que no acierta,
me importa lo mismo que sean verdes o azules
he perdido la capacidad de mirarlos sin más.
Se me escurren los sueños entre los dedos
porque ya no recuerdo como se soñaba sin pretender
que no fueran más que lo que son.
No hay comentarios:
Publicar un comentario