que ni siquiera propones
con mis miedos humeando en una taza de café
que templa el tiempo que no paso contigo,
esperando a no darme por vencido
avanzar entre las puertas cerradas del destino
aquel que no elijo pero temo,
con los sueños metidos en los bolsillos
y las zapatillas desgastadas de correr contracorriente
justificando no llegar al ocaso
no vaya a ser que la noche me descubra que no dudo tanto
Claro no las tengo
ni las encuentro ni las empeño,
más temo que sea necesidad o juego
la elección de afrontar el resto de mi vida prendido
de tu risa y tu suspiro,
pero ahí sigo,
pretendiendo decidir
si es un trocito de mar con su velero
o un naufrago
ahogado en la playa desierta del "no volaré".
Al final es un desafío pretencioso
reclamar al silencio inoportuno de tu mensaje
que te quieras quedar sin huir
de lo que nos pasó ayer,
ahora que no tenemos sonrisas que ofrecernos
que no sean de papel mojado
tan frágiles como la vida recién estrenada,
por mucho que ejercer de padres se nos valore.
Ahora que no queda café en mi hoy
antes de que vuelva a comprar el silencio con otra moneda más,
voy a ver si consigo despertar
con valor para conseguir
firmar en mi pecho con tu latido que me quiero quedar e intentar,
que no quiero jugar ni pretendo crear la necesidad,
pero que solo, no pienso amar.
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