jueves, 9 de agosto de 2012

La paz que supuso miraros ayer

No sabría decir a ciencia cierta cuando fue, en que momento, aquella ,mi sombra ,se disipó. Era consciente de que simplemente se desvanecía; se que retornaría. Al fin y al cabo, lleva detrás de mi toda la vida, pero en ese instante, se volatilizó...o por lo menos, yo no la sentía constante, a la espera de un traspiés donde aprovechar para cortarme con su acero penetrante.

Pero no estaba...allí solo estaban vuestros ojos y los mios. Había mucho más, y mucho que ver, pero mirar, se que solo podia miraros a los ojos. Pero no porque no pudiera apartar la vista de ellos y deleitarme con el resto del paisaje que me brindabais, sino porque tenía muy claro que nada de lo que pudiera ver sería tan de mi agrado como vuestra mirada. Aquellos ojos de aquella tarde que os narro eran..impresionantes. Tildaban de tristeza, si, pero a la vez, emergían como olas de un maremoto colores anacarados con brillos intensos que semejaban amaneceres. Hacía tiempo que no me acunaba en una mirada tan sincera, desnuda, sin miedo a que viera en ella lo sentido. Apenas las palabras podían competir con lo que mis ojos leían en los vuestros.

Y pasaba el tiempo, y las miradas dieron paso a la satisfacción de poder emplear mi sabiduria en aplicar conocimientos que sin duda, pudieran aliviaros. Y mis manos leian en vuestra piel sensaciones únicas, mientras mi mente repasaba las teorías tantas veces estudiadas, con el proposito de emendar las dolencias del cuerpo y del alma. Y el poder de ser quien soy en mi retiro me abstraía de poder distraerme y abandonarme al calor de ese roce, pero a la vez me hacia sentirme henchido de orgullo de poderos ser útil.

Volví a perderme en vuestra mirada cuando recomponía mis conclusiones ante vuestros ojos. Acuñando verdades que se que pesan, veía el esfuerzo de la dedicación que habeís decidido regalarme, el beneplacito de darme vuestra confianza por mis estudios, y como una gran explosión, como emergía de la misma fuente de luz que son vuestros ojos, esa candidez, esa sonrisa que se otorga sincera, como confirmabais que lo vivido empezaba a ser sólido, como los cimientos cuajaban, firmes y yo me sentí tan agraciado...

Hubiera querido detenerlo, el tiempo, y no haberlo puesto en marcha hasta saciarme de tanta paz que supuso miraros ayer. Hubiera querido retirarme un momento, abandonarme al silencio para desgranar las sensaciones que me invadían cuando os miraba. Tanto hubiera deseado besaros como abrazaros, y sentir la satisfacción de compartir el aliento que emana de vuestra boca, cuando partisteis de mi celda, dejandome absorto , mirando la estela de vuestros pasos..recupere la cordura del momento cuando mi mano quedo atrapada entre los barrotes de mi ventanuco.

Hoy he mirado atrás...la sombra aun sigue disipada, me está dando espacio, no la venceré jamás, pero ahora sé que vos tenéis el poder de hacerla invisible...solo espero que la vuestra sea condescendiente y me otorge la posibilidad de hacerla desaparecer, aunque sea un instante, para que podáis respirar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario