viernes, 25 de julio de 2014

Y allí estabas...

Y allí estabas tumbada en el diván, sin más. Tus ojos negros me miraban, de esa manera que tienes tú de mirar, de infinitos reflejos de ti que van cambiando a cada parpadeo, como si fuera un diálogo ameno al que no le faltan, ni le sobran palabras. Me basta sentarme y dejar que pase el tiempo, de la mano del silencio para conversar contigo sin necesidad de pronunciar sonido alguno.

Allí estaba tu cuerpo tendido, a lo largo en una sinuosa curva perfectamente armónica. Desde el brazo sobre tu frente como inicio del camino serpenteante hasta el acantilado de tus pies. Cada centímetro de él recorrido en mi memoria una y otra vez, cada rincón donde esconderse a perdurar, cada tesoro para intimar. La caricia de mi mirada en él es continua , siempre lenta, suave, con un efecto devastador en mis neuronas que afanosas empiezan a quebrar la paz de mi naturaleza para instigarme a la excitación. Tu cuello perfumado, tus hombros serenos, tu pecho menudo danzando al son de tu respiración...tu ombligo perfecto, el cruce de tus piernas sedosas de sensualidad...tus pies como final e inicio de un nuevo camino a recorrer...tu pelo negro con sus rizos indomados, tus mejillas, tu boca de labios que tanto deseo, la composición de los dedos de tus manos...

Allí parecía que todo era perfección, el silencio acompasado, la luz de la tarde caduca entrando por el ventanal para bañarte de ocres la piel, el reflejo tardío en tu cabello, la ligera brisa condescendiente que removía tu perfume por la habitación, y tú sin parar de mirarme y yo ebrio de tu mirada, y tú sin decir nada y yo escuchándote...Hasta que se me ocurrió respirar y te desvaneciste como el tibio halo de humo que queda al apagar una vela...sin más. 

Tarde llegué a arrodillarme en el diván, loco, pensando en rescatar el último de los alientos que tu esencia dejara prendidos en él...temeroso de no sentir ,acaricié la tela donde yaciste, renegando de tu ausencia me desplomé en el mismo silencio que ahora no decía nada y recurrí de nuevo a buscarte en mis sueños, en el cajón donde siempre sé que puedo encontrarte, para volver a tenerte...

Y de nuevo te vería sentada en aquella silla...para seguir alimentando por otro instante la locura que me hiere la razón de no tenerte y desearte. De nuevo, allí estarías...hasta que volviera a respirar.

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