De entre todas las verdades
hay una que duele mucho más
es aquella que te apuñala con la certeza
de que todo lo que empieza
tarde o temprano ha de acabar
y entre la duda del tiempo que pasa
y la tesitura de acomodarse en el pasado
uno piensa que no llega
hasta que rompe con estruendo
la calma de la complicidad
del haberse dejado llevar, mar adentro,
sin saber ni siquiera remar...
Sin saberlo, sin quererlo,
aquella esencia de tu perfume
que de alnibar llenaba los rincones de mis pinceles,
la que se deslizaba pura entre mis ocres
se fue disipando, lentamente,
y sin saberlo ni quererlo
hoy ya no la siento entre mis lienzos vacíos
de blancos temerosos
y cuando quise advertir
estaba nadando en el lago de los recuerdos
de aquellos que prometía no remover
pero ahora que mi mundo descabalga
y no tengo tu sentido para encontrar la magia
allí me siento confuso, si,
y perdido también,
pero siempre atrás del hoy que vivo
de esta manera, me basta dejar de pensar
para no sentir tu adiós.
No correré tras de ti,
por siete veces oteé el horizonte
para buscar tu sombra y no la hallé,
ni tus pasos alejándose serán camino,
ni mi estela guía para ti,
no mancillaré tu silencio, este dolido,
no aquel que era sagrado,
esperaré que la vida te refugie
en un nuevo taller de aceites ricos
un nuevo libro de letras vistosas
y versos concurridos
y encuentres otro tiempo que te suspire
y te lleve a tu cuento.
Sinceramente, adiós.
No hay comentarios:
Publicar un comentario