Miro pausado
la gota que colma el vaso
como nace del exceso
para huir en su caída
sin pensar en nada más,
como aparenta pereza
como logra despertar
para saltar al vacio de la duda
¿dónde llegar?, ¿qué ocurrirá?.
Si la miro con certeza
no puedo evitar
pensar que cae porque rebosa
del conjunto de las gotas
que ocupan su propio lugar,
lo evidente es presente,suelo pensar,
y a partir de ahí
el errar es la constancia,
no tengo sabiduria para intentar
ver más allá de lo que veo.
Pero siempre hay algo
que se escapa a la evidencia,
que por defecto de formas
o por intención sincera,
pasa desapercibido y una vez advertido,
cambia el decorado por completo.
A veces es silencio,
otras, lo que falta es callar,
pero fuera como fuese,
cambia la manera en que la gota cae,
y pinta su recorrido de otro color,
y el espacio ocupado se transforma
en nueva dimensión.
La consecuencia de ello,
el vivir con dos ojos,
no ver más que lo que conjeturamos,
la desidia de arrojar luz
al opaco mundo del yo prefabricado.
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