Voy sereno por el camino
dejando atrás árboles crecidos,
senderos no elegidos
cruces de otras direcciones
que no quiero escoger,
paseo tranquilo
sin prestar atención
al paisaje que se dibuja,
a las montañas
y a los valles
que enmarcan mi visón.
No reparé en el cielo
ni en sus nubes de algodón
en los colores pastel
de las idas y venidas del sol.
Tampoco en el manto de estrellas
que tildaban ajenas
salpicando de fugazes brillos
el cobijo de mis sueños.
Simplemente caminaba
pendiente de mi andar,
de la amplitud de mi pisada,
de no tropezar.
Y camino feliz.
Todo lo demás ya crece
despacio en mi interior
junto a las ganas de acariciarte,
las madrugadas
con ese sol naranja que perezoso
asciende entre giros locos.
Cerca de mi deseo de hablarte,
miles de nubes dibujando formas
con las que los niños juegan.
Al lado de tu sonrisa,
el arroyo fresco y continuo,
inagotable,
siempre musicando su paso
con un murmullo suave.
Junto a tu presencia herculea
las poderosas montañas
acotadas en la cima con nevados perennes
de rutas inconquistables
y desafios extremos.
De tu propia mano
dos pasos por delante de mi camino
la seguridad de tomarla
para levantarme en mis tropiezos.
Prendida en tu mirada
los atardeceres
el reencuentro de la luna
con las estrellas
el baile del brillo
de los destellos fugaces
para pedir deseos.
Y camino feliz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario