A veces me cuesta darme cuenta de las cosas que tengo, mientras soy cosnciente de que pierdo el tiempo pensando en las cosas que me gustaría tener. Pero entre medias, ultimamente, advierto que aprendo, poco a poco. Es como si notara un engranaje en mi interior, que se desplaza lentamente cuando me ocurren estas tesituras y pienso. Y si se abriera un poco más la luz que tiene que entrar y lo viera un poco más claro todo, bueno, lo que estoy pensando, seguro que ganaría.
Son pequeños pasos que doy, gracias a que ahora me planteo algunas cosas de manera distinta. Sobre todo, porque empezar de nuevo siempre es una oportunidad única de hacer las cosas, si no mejores, por lo menos distintas, llevarlas por otros caminos a ver si hay suerte y resulta que es mejor.
Esa misma decisión de intentar plantearme las cosas mas coherentemente, mas sinceramente con lo compartido, también me hace reflexionar sobre las pautas que llevaba, y las directrices que abordaba, y me hace a la vez menos tolerante, y mas decidido a encontrar lo que busco de la manera en lo que lo busco. Ahora si que pienso que es momento de querer las cosas como quiero quererlas. Y entonces, si a la vez pienso que estoy aprendiendo, que mi pensamiento ahora se para un instante y reflexiona ese nuevo punto de vista, me siento bien.
Implica más posibilidades de confrontación, más necesidad de exponer, más de tener que dialogar, pero creo que el resultado de cada uno de esos pasos que se afirmen en la experiencia vivida es increiblemente mucho mas enriquecedor que cualquiera de los otros dados. Y empezar a hacer las cosas un poco mejor creo que no llega nunca tarde.
Hoy pensaba en la estupidez de un niño subiendo una empinadisima cuesta, costosa y dura y que al llegar arriba, dejaba en el suelo una pelota...e inevitablemente, la pelota rodaba hacia abajo. El niño bajaba, atrapaba la pelota, volvía a subir la cuesta, y dejaba de nuevo en el suelo la pelota. E irremediablemente, volvía a caer. Pensé, que tonteria, siempre la pelota va a bajar rodando hacia abajo y el niño tendrá que bajar por ella. Pero no se me ocurrió pensar, que fuerza, el niño sube la cuesta una y otra vez, y el motivo es que la pelota ruede e ir a buscarla, no que esté esperando que la pelota no baje.
Bueno, me alegra que la vida siga dándome pautas para seguir aprendiendo. Me siento con fuerzas para subir la cuesta, baje la pelota las veces que baje. Así que esperemos que mañana amanezca, que tengo ganas de vivir otro día.
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