Aquello que nos acompañaba
solo era el eco
de los pasos que dábamos,
enjaulados entre las paredes
de los vigilantes perennes,
donde habitaban las gentes
que ahora suspiraban entre nieblas
ahogándose en los brazos de Morfeo.
Y mientras,
nosotros dos como chiquillos
corriendo el uno tras el otro,
saltando en los charcos
hasta agotarnos de fuerzas,
tu resoplando apoyada en el muro
la luz de aquella farola,
pálida sin atreverse a pintar
ni las sombras en el suelo
mirarme y reír,
reír y mirarte, jadear,
acercarme a ti despacio y dejarme vencer
caer en tu boca impaciente,
besarnos como adolescentes,
inquietos,
experimentando .
Unas luces en la carretera
circundando siluetas,
quebrando el secreto de nuestras lenguas
y apretarme más a ti,
para que tengas más certeza,
de que este momento es nuestro
y no se puede romper.
Los sonidos agotados
los perfumes envolviéndonos,
nuestras manos imparables,
locos los dos hasta recobrar la cordura,
morderme el labio...
Me empujas, sales corriendo y te paras...
te giras y me miras, caminando hacia atrás...
Sigo tu sombra,
cuánto me gustas,y me gusta verte así.
Me esperas,
llego a tu lado,
nos emparejamos
sincronizamos el caminar,
siento tu mano inocente
rozar la mía
y la mía sincera, tomar la tuya...
Callamos,
y tanto nos decimos callados
que nos miramos,
y en la siguiente farola,
volvemos a pararnos
a conocernos más,
tus manos en mis manos,
te miro mirarme,
te vuelvo a besar.
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