Tejía telares
de hilos dorados con tus cabellos,
un atardecer,
perdiéndose entre mis dedos los ocres,
mecidos entre caricias de seda
al amparo del mar de tus ojos
de serena calma el azul celeste
que me miraba con ternura,
rítmica la canción de mis suspiros
con cada puesta de sol que apagaban tus párpados.
Pintaba bodegones en tu piel,
con los pinceles sinceros de mis manos,
como mensajes secretos en botellas perdidas
para que adivinaras con tu sonrisa
que maravillas veía desde mi acantilado
la brisa de poniente
el salitre de bienvenida.
Abrace todo un mundo
de aguas cálidas,
de montañas y valles,
de verdes bosques,
de caminos, de huellas dejadas,
me asomé a tu mirada,
escuché tus sonidos,
más quise que no hubiera distancia
entre mi piel y tu piel,
me dejé mecer por tu calor
al amparo de tus manos
cuando se apagaba la luz
un atardecer...
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