domingo, 3 de agosto de 2014

Volví a pintar...

Se detuvo el tiempo
en el lienzo en blanco que guardaba para ti
encerrado en el viejo estudio
rodeado de pinceles sin color.

Abrí despacio la puerta
su quejido me estremeció
el polvo en el aire
los trapos en el suelo.

Avancé lento, respirando,
dejando a un lado el pasado
levanté la tela del cuadro
que voluptuosa voló.

Allí me senté,
perdida mi mirada en la nada
solo tuve que cerrar los ojos
y te contemplé.

Mi mano diestra serena
volvió a pintar líneas en el océano calmo
el tiempo cansado,
volvió a contar instantes para mi.

Mi mente te imaginaba
conjugando los recuerdos
mi alma te pintaba
tal cual significas.

Nada de lo que no conozco exageraba,
todo lo que ya viví coloreaba,
los trazos certeros, las lineas curvas,
tus rizos indómitos...

Allí con la luz trémula del candil del sol
con el silencio de la quietud
la prisa abandonada en el portal
solo existías tú para mi.

Pinceladas eternas para tus ojos,
la paleta de colores para tu boca
el trapo suave para el camino de tu piel
el suspiro para continuar.

Dejé caer el último pincel,
retrocedí dos pasos, quizá fueron tres,
solo entonces abrí los ojos
y te contemplé.

Después de la danza de mis manos
con las líneas y los colores,
después de haber pintado aquel lienzo
me detuve a mirarte...

Aquél lienzo seguía vacío
aquél blanco era infinito
y sin embargo yo te veía
cálida, sencilla, magníficamente retratada.

Tanto de lo que eres deseo de ti
tanto de lo que soy no merece apenas nada,
pero siempre te encuentro
pintada en el viejo lienzo de mi piel,
en el marchito estudio de brisa caduca
donde imagino los sueños.




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