Una gota,
y la ves caer bella sobre la tierra.
Dos gotas,
ambas relucen y apenas te mojan.
Tres gotas,
sacas tus manos y equivocas la sensación.
Cuatro gotas,
ni siquiera hacen charco.
Cinco gotas,
piensas que habrá más.
Seis gotas,
te cubres el pelo.
Siete gotas,
huele a tierra mojada.
Ocho gotas,
comienza a llover.
Nueve gotas,
se juntan bajo tus pies.
Diez gotas,
ya no dudas, llueve otra vez.
Cientos de pequeñas
que hacen mil pellizcos suaves
tintinean a tu alrededor
salpicando graciosas.
Se juntan para formar
remansos de agua inquieta
cada vez con más frenesí
ahora ya te mojas.
La gota que antes fue
y sincera, sigue siendo bella
miles son ahora las que caen
imposibles de contar.
Ahora que no paran ya
pierden la sutil belleza
el agua por tus mejillas
empapada la ropa.
Entonces sales corriendo
ya no quieres estar
contemplando la maravilla caer
ahora ya te incomoda.
El refugio hueco que te cubre
cubierto del eco de cada gota
sorda que cae, rota que queda,
ya no te mojas.
Cesarán de caer despistadas
la lentitud se hará cargo de todo,
un paso, luego otro,
de nuevo estarás bajo las nubes.
Diez gotas,
ya se agotan.
Nueve gotas,
tu cara descubierta.
Ocho gotas,
andas sobre los charcos.
Siete gotas,
ni siquiera las oyes caer.
Seis gotas,
respiras profundo.
Cinco gotas,
alguna despistada cae en tu mejilla.
Cuatro gotas,
sacas las manos.
Tres gotas,
confirmas tu sensación.
Dos gotas,
salpican tímidas el último charco.
Una gota,
bella fue.
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