Una vez, y otras tantas,
hacen cientos de veces,
que creces, y en la desidia,
mueres,
de intentar
y no conseguir vencer
el muro de granito
de la desconfianza
y ni cuerdas ni escaleras
hacen coronar el final
donde se debe estar
cuando compartes,
partes,
y quedo en silencio obtuso
como rayos las conclusiones
agotando mi razón
de esfuerzo propicio
y no saber que más pensar
para intentar
seguir bajo el influjo
de ser quien soy
y en la tesitura de mi existencia
dudar
de quien realmente se equivoca
si insisto
en existir
porque no soy capaz de entender
que tras el esfuerzo
de volver a trepar
el muro no acaba nunca
de mantenerse en pie,
y yo,
incapaz de desnudar más
mi propia vida
no comprendo e intento
explicarme a mi mismo el error
si no fue acierto
desconcierto,
cierro los ojos y me duele
no encontrar el ejemplo
que me ponga nombre y me individualice
y aunque puntualice
da siempre igual,
no venzo y roto
me mece el viento que tardío
sacude mi postura
de no estar a la altura
del muro edificado.
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