jueves, 11 de septiembre de 2014

Vaya dos payasos...

Vaya dos payasos...
en el circo de la vida
temiendo andar por la cuerda suspendida
sin red, sin manera de detener
el error inesperado,
asustados por el aplauso
de un público congestionado
de ideas premeditadas,
que rompa el silencio de la carpa
donde ellos ríen y lloran
maquillados de sueños
con narices rojas y redondas
de sonrisas blancas
donde guardan sus miedos e impaciencias.

Vaya dos payasos...
de zapatos enormes que cubren cientos de millas
cuando no andan,
de margaritas lloronas en el ojal
que se empapan de caricias tímidas
cuando es la primera de las veces
en la que representan la mofa,
de trajes de colores vivos
que hacen de escudos
de sus entrañas quebradas,
por los años que conforman
el pasado entre más payasos,
de miradas de ojos sensibles
ocultos tras el rimel obligado
de no querer detenerse
a meditar sobre la risa.

Vaya dos payasos...
deseando tirarse a la cara
los trastos de la risa y la carcajada,
tartas de nata que son verdades,
hacer sonar la bocina anunciando besos
de labios que son pintados
colgados de las mejillas
siempre sonrientes.
Las luces alumbrando en lo alto,
la orquesta escéptica,tronando,
el público expectante, juzgando,
y nosotros dos,
payasos de risas y sonrisas
nerviosos tras las cortinas
en nuestra primera actuación
entre las bambalinas y las plateas
que son los recuerdos nuevos
que aún no hemos vivido,
confiados,
con el alma en vilo por la intención
de hacer reír cada uno
tan solo al payaso que nos refleja,
ahora que compartimos escenario.

Pero vaya dos payasos...
orgullosos del agridulce sabor
de la risa no estallada
que remueven sus almas por encontrar
la caída tonta y el tropiezo
para contagiar a la oscuridad inerte
de sus ganas de reír y hacer reír,
para evitar la tristeza
en la cara de aquel ángel que no ríe,
que desmaquillan su vida tras cada función,
mirándose al espejo compartido
de la historia que les une,
entre sombras y pequeñas velas,
para reencontrarse cuando abandonan el carromato
con la intención de ser
la risa sin la prisa,
de volverse a pintar
la sonrisa en la cara,
para temer otra vez
ser los payasos en la cuerda,
sin red,
o la broma de la tarta inesperada.


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