miércoles, 10 de septiembre de 2014

Siempre...

Siempre entre la espada y la pared
siempre,
entre la duda de avanzar o detenerse
en la encrucijada de caminos
en las direcciones opuestas
en la tesitura de un instante,
siempre,
con el peso del pasado
en mi cota de mallas,
de nuevo el pañuelo blanco
de tus lágrimas perdidas,
otras vez ardiendo en el deseo
y quebrando mi alma
siempre,
buscando tus labios para rozarlos
y huir de ellos para no poder olvidarte
la caricia de tu mano
el destierro de mi cuerpo
el daño aventurado
la negligencia de querer,
siempre,
ahorcado en un suicidio inútil
que me mantiene más vivo aún
la lucha de titanes inmensos
en mi cerebro clandestino
la amargura reposada
de lo que siento en el corazón,
siempre,
desnudo para no poder vestirme
con el calor de tu piel
sediento de un camino que se
que no quieres recorrer
que no mereces sufrir
la agonía de un errante condenado
a sentir del otro lado
siempre
en el muro de la discordia
emergente entre las dunas
de mis sueños,
soñarte siempre,
la condena de mi vida.

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