martes, 30 de septiembre de 2014

Soledad inventada...

Solo...
inerte en una esquina de la vida
pasa el tiempo subido a un tranvía
que de ruidos me angustia
y termina
parado en una estación olvidada
donde no crece ni el sueño ni vence el hastío
y allí,
refugiada en la penumbra de mi mente cansada
está la palabra maniatada
con las cuerdas de la norma impuesta
y la ley traicionada
más de mirarse a un espejo mi alma llora
secas lágrimas de envidia perdonada
por la injusta decadencia de la rutina rota.
Solo...
asustado por la luz que rompió las ventanas
donde escribía el cuento con vaho y mañanas
ahora no encuentro el latido
del centro de mi universo inventado,
tan solo porque se rompió
la razón del compromiso
de sentarnos en silencio a decirnos y avanzar
entre errores y tropiezos y mentiras creadas,
pero solo...
miro de lejos mi estandarte abanderado
de trozos de telas robados al mismo tiempo que se escapa
y me alientan mi honor y valor
de saberme correcto en las formas y maneras
mi conciencia a mi lado, asintiendo, conforme.
Vuelvo a engranar aquella maquinaria
oxidada de la interperie de la desconfianza,
para hacer retornar ese tiempo acusado de estar parado,
oigo gemir las coronas dentadas
y caer con pesadumbre las manecillas que marcan el orden.
Yo hoy vuelvo a ser yo,
reniego del embuste inventado para traicionar mi batalla
afronto decidido avanzar en esta llanura de cuerpos sin vida
y erguirme consecuente con lo vivido.
Solo...
pero siempre acompañado,
en tu silencio que me enloquece,
en la duda de si volverás para hacer temblar
mi naturaleza complicada,
tu recuerdo en mi pecho clavado
lo que fueron deseos,
alimentan mis pasos,
esperaré tu palabra despreocupada
aún cuando ya no sepamos de que hablar.

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