Se disipa la niebla
de entre los montes de palabras
que deja rocíos de escarcha fresca
de suaves matices, tonos pasteles
de ideas y pensamientos
que amanecen cada día sin pensar
cuántas veces se dirán o
quiénes les escribirán
de entre los miles de pensamientos
que abarcan la ciudad de las ideas
rodeada ,siempre amurallada por la timidez de pronunciar de más,
la fortaleza de la unión
de la rima alegría y de la pausada prosa
siempre presentes entre los caminos
que de entre poblados verdes
se airean las conciencias
que permiten avanzar en la tesitura
de querer aprender a andar,
y entonces empezar, avanzar,
aunque en el horizonte otea la tormenta
del tropiezo y el error,
siempre permitido en la diferencia
de no querer ser parte del complot
de la reina mala ataviada
entre pócimas de rabia ni dolor,
y sople el huracán de pensamientos
a ráfagas de viento de querer y no saber,
pero siempre bajo el paragüas de lo que siento
el refugio me agrada y adentro con paso firme
avanzo, quiero andar en el crepúsculo de las luces
que reflejan mis pupilas
cuando te miro amanecer.
Mas no hay cadenas ni cordeles
ni suaves sedas ni grilletes oxidados
ni unión de la piel con piel
ni palabras vencidas ni sollozos justificados
ni mala fe en caminar por donde avanzo,
ni avanzar por donde el camino me enseña
que puedo disfrutar,
no hubo lo que no hay,
ni habrá jamás lo que no ha habido
en mi palabra nunca intención
de cerrar mi refugio
a la tormenta presenciada,
creer en que detrás siempre hay sol
me devuelve el aroma
de volverte amanecer.
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