Aparece el odio al momento que me toca
no siendo previsor de lo que acontece
mirando siempre los pies sin mirar más adelante
cautivo de la vaguería perpetua
de no fraguar las remesas
del hambre del instante que me toca
y cuando llega
se me rompe la cara de la vergüenza
de que el resto me adelante
y quedarme siempre atrás, siempre atrás
pensando que es porque tiene que ser
maldiciendo que una y otra vez no acierto
que no se donde esta la dirección correcta
que no entiendo por qué no
y caigo y caigo, y de las propias caídas
nunca aprendo a levantarme con firmeza
y me aplastan los pies de los demás,
cada una de las decisiones,
rajada en el telar quedan colgando los hilos
y yo, maldigo, maldigo,
por qué no me doy cuenta de que esto puede pasar,
embarcándome en tareas que no llegan a su fin,
siempre apeándome en la penúltima estación
y nunca parece que sea mi turno
de que las cosas sigan el curso del río
que corre por mis adentros.
No tuve dirección, nunca supe hacia donde ir,
mis viajes siempre son cortos y...
no hay manera de que pueda entregar mi billete
para que me sellen en el tren
un destino que me llene
y de los que opto y me dilatan las pupilas
no llego, no tengo equipaje
y siempre los veo subir,
siempre contentos para disfrutar
y varado en el andén quedo
preparado para caer, y tener encima que sonreir.
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