Se ha terminado la función
en el gran teatro de mi vida,
atrás quedan las risas joviales
de carreras y susurros,
se van apagando los focos
que daban vida a las sombras
que ahora se ciernen sobre el patio de butacas
donde sentado
contemplo horrorizado en silencio
el eco mudo de lo que queda.
Ya no hay aplausos que satisfagan el esfuerzo
ni risas acompasadas
ni gratas sorpresas,
no quedan telones que levantar
ni decorados que esculpir entre maderas y cartones
ya no prueba la orquesta sus notas
ni el atrezzo se distrae.
Sentado en la butaca
donde contemplaba el trasiego de actores
rodeado de la multitud entusiasmada,gozosa
de la magia que emanaban cada uno de los diálogos,
tengo miedo de ceder el asiento
a la oscuridad perenne que solape
las lágrimas que queden
inerte entre los fantasmas de lo vivido.
Uno a uno cada foco,
una a una cada luz,
como en un terrorifico pasillo
van cediendo su vida a la oscuridad
el silencio se adentra entre los poros
no hay vuelta atrás
no me atrevo a mirar
como queda ahogada la magia
del teatro de mi vida
mis pasos lentos poco poco
desaparecer
el último chirrido de la puerta
la caida del telón.
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