No he encontrado más verdad, y no la he vivido con más certeza, que esta de confirmar que efectivamente, eres una caja de bombones. Menuda, pero de mil sabores, es cierto. Todos envueltos con papel de colores brillantes, de rojos y azules metálicos y los extremos anudados en una caja bella de colores suaves, perfectamente cuidada, de belleza sin igual, con sus letras dibujadas y sus ribetes dorados. Todos a la vista tan interesantes y con ganas de degustarlos. No se eligen, toca probar cada día el que ofreces, hecho que alimenta mi deseo de saber más de ti, y a la vez, me da la posibilidad de no caer nunca en la rutina del conocimiento. La mayoría de los que he probado son deliciosos. Dulces, con sabor intenso, de los que se derriten en mi boca lentamente, expandiendo su sabor por todo mi interior, que me evocan miles de sensaciones, dan pie al lujo de poder imaginar contigo un millón de situaciones, a cada cual mas irresistible. Me embargan de felicidad, me hacen ser mas humano, aprendo constante saboreándolos, me dan fortaleza, ganas de tomar otro, volver a probar y experimentar. Y con ellos, un trocito de mi se queda contigo.
Y en el discurso de lo que compartimos, de vez en cuando me toca probar un bombón no tan dulce, de chocolate más amargo. Mi primera reacción es pensar por qué, que tiene el día de hoy que propicie ese sabor agridulce. Siempre recapitulo que es lo que he cambiado del momento para permitir que esas texturas de cacao mas seco se diluyan en mi paladar. No suelo encontrarlas, quizás mi predisposición también sea valorable, pero no recuerdo haberla tenido en contra cada vez que tiento al tiempo para que me abras tu caja de bombones. Y sin embargo allí están, en la ruleta de la fortuna, y de vez en cuando me toca alimentarme con uno de ellos. Entonces respiro hondo, pienso que ese trocito de placer que debiera ser, tiene alguna razón para saber mas amargo. He intento degustarlo despacio, lentamente, para empaparme de esas sensaciones no tan ligeras como las otras, pero de las que también quiero disfrutar, pues en el fondo lo que me apetece es saborear cada uno de los bombones que puedas guardar en tu caja dorada, e ir mezclándolos al antojo de tu momento, el que me des, para poder conocerte mejor, para indagar en tu sonrisa tanto como en tu llanto, para poder comprenderte, y que puedas de esta manera también empezar a comprenderme tú a mi. Por cada bombón que disfruto contigo y de ti, hay una pizca de mi sabor que se queda contigo, y eso es lo que me hace estar dispuesto a no dejar un solo regalo que me ofrezcas sin desenvolver, ni uno solo de tus bombones sin probar, desde el principio hasta el final...
Te agradezco mucho que estés ahí, y que de vez en cuando, tu momento sea también el mio, que sigas ofreciéndome probar un trocito de ti y te parezca interesante saber un poco más de mi. Sinceramente...
No hay comentarios:
Publicar un comentario