Pienso... no se si brotará más
de la fuente de tu instante
aquella agua limpia que me sacíaba la sed
de la que da su fruto
el campo labrado de mi inspiración.
Pienso... no se si apagará
el fuego que me quema
entre los libros ya leidos
de los pasajes escritos de mis manos.
Refugiado en la oscuridad
invadiendo la soledad del espacio que ocupo
sin el lamento del cautivo
ni la necesidad de salir de allí,
al amparo de saberme libre
sin pena punible,
vago entre la duda de escribirte o
dejarte marchar escrita
porque no encuentro tu mano
entre tantos pies
que caminan en la otra direción
y tu esencia que perdura
rellena el frasco minúsculo de mi memoria
a ratos confinada al olvido
del pasado que no llega.
Terminé cincuenta y un momentos de ti,
se refugiaron tras las puertas de cartón
que los harán eternos
hallá donde los desterreis a vivir.
Desconozco la duda de si habrá
cincuenta y dos. Y sin embargo, ya la vivo.
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