Amanece frío
el silencio que me convoca
al encuentro desafortunado
de no encontrarte a mi lado,
de la certeza de la inmensidad
de mi cama desierta,
antes tan estrecha para dos,
tu imagen que no se refleja
en el espejo de la mañana
no está tu lapiz de labios
marcado en mi camisa,
no hay desorden,
no hay.
No huele a café
ni a espuma de nata,
no hay sonrisa al bajar la escalera
ni caricia en mi pelo,
no hay restos de la cena de ayer
ni copas vacias.
Impolutos los bombones
ordenadas las sillas,
calma el silencio tu alegría
desbordarse tu sonrisa
ya no hay de lo que había
cada mañana al despertar.
No quedan mensajes
de las últimas llamadas,
no hay cartas en el buzón
ni sorpresas en camino
no quedan pinturas en las paredes
ni zapatos que ponerse,
la luz mengua humeda
entre las lágrimas que no caen
buscando las llaves del auto
que no quiero encontrar
no quedan ganas para marchar
al encuentro de tu presencia
volver a recorrer las calles
del gélido Madrid
volver a presentarme sin palabras
delante de ti
dispuesta a no poder escucharme.
Retirar las flores ya marchitas,
dejar caer una rosa
romper el gris de tu lápida
con esa lágrima de color ,
mentirte con descaro,
desearte buen camino
allá dónde quiera que estés,
deseando que estuvieras
en el orden de la vida
aunque ya
no lo hay, ya no lo hay.
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