lunes, 5 de noviembre de 2012

Los cafés que nos tomamos...

Convencido vivo
en la realidad que aprendo
desmitificar los recuerdos
de lo impuesto
cada vez más orgulloso
de aprender lo nuevo
cada día un hoy,
cada ayer un pasado
que se queda en los posos
de los cafés que nos tomamos
y nunca futuros
de más de una de tus sonrisas.

Amanecer sin más
a la espera de que sucedan
las horas que componen
el momento que disfruto
dos, tres notas en la agenda,
que sé con certeza que ocurrirán,
un buenas noches que quedó
atrapado en el ayer
es un buenos días hoy,
un volver a empezar,
la ventana que aun cerrada
contiene al sol que pletórico espera
entrar a cañón en mi mirada
reflejarse en la sonrisa que supone
encontrarte de nuevo en mi ahora.

Sin más encauzar
las palabras que escribimos,
ahora se hilan,
otras veces se asustan y hullen,
pero siempre aportan
firmeza a lo vivido
continuidad a lo que juntos construimos,
y sin mediar la intención
¡oh!, eso cuánto me agrada,
inventar una historia,
tan solo su prólogo,
solo girar la llave de la cerradura
solo encender el horno,
y dejarla a merced del tiempo,
de esos instantes que nos regalamos.

Adoro la tentación de perderme
en los sueños que despierto gobierno
y con una sonrisa
ser condescendiente conmigo mismo
y zanjar el asunto,
firme pero delicadamente,
para no guardar en mi memoria un futuro
del que no quiero saber nada,
para no perderme mañana
la explosión de mis sentidos
con cada uno de los segundos
que me regale el tiempo
mirando tus ojos.

¿Qué habrá?, ¿qué sucederá?
no pienso transformar ni una sola de estas dudas
en un futuro ya usado
ni perderme la experiencia
de ir a ciegas
con los ojos cerrados.
Mañana, cuando sea hoy
ya se encargará la vida de fabricarme
gotas de pasado
para endulzar el café que juntos tomamos.


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