Crece en mi consciencia
la idea de mantener viva
la esencia de tu caricia escogida
la que me moja los pies
cuando me tumbo en tu playa
donde nacen los corales rojos
de los azules teñidos,
y por allí paseas,
con tu fular de seda
esculpiendo la belleza de tu cuerpo
sus curvas transparentes
donde resbala la luz del sol,
seduciendo a la brisa
en su avanzar temprano que te envuelve,
expandiendo el aroma de tu piel
a más de los cuatro vientos
que la dan la vida
y llega a mí
y me llena...
Entonces dejo de creer en todo
en cada una de las impertinencias de la vida
en los derechos y obligaciones
que computan penas
de insufrible amiguismo
y pernocto en el camastro
de no tener consecuencias
ni valoro lo tenido ni honro lo perdido,
me desbordan los momentos
de bendecida presencia
e insustituible arrojo
que bombardean cada historia
de índices desquebrajados
entre millares de páginas en blanco.
Vuelvo a la playa,
a tu cuerpo desnudo andar entre las olas,
a tu mirada mirarme y yo...
no poder contener
esa fuerza que me atrapa
la vida en un instante,
dejar que el ocaso de este tiempo
construya un recuerdo breve
sin esperar a que amanezca de nuevo
el sueño de beber de tus labios
el sorbo del brindis a solas conmigo
escondidos en tu fular de seda.
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